El alcoholímetro se inventó en 1954, y comenzó a implementarse en esa década, sin embargo, el primer caso registrado de un conductor ebrio al volante en la historia de la humanidad sucedió muchísimo antes, hace casi 130 años y lo curioso, además, es que lo hizo manejando un taxi eléctrico.
Sí, un taxi eléctrico en 1897, aunque no lo creas, en una época en la que los coches aún parecían carruajes. También llamó la atención la bajísima sanción que le impusieron por cometer esta entonces inédita infracción.
El conductor en cuestión fue George Smith, un taxista londinense de 25 años. El 10 de septiembre de 1897, al volante de uno de los taxis experimentales de la London Electrical Cab Company, se estampó contra un edificio en New Bond Street.
Tras el accidente, fue arrestado por la policía. Smith admitió que estaba conduciendo bajo los efectos del alcohol, lo que se entendió como causa. El Tribunal de Policía de Marlborough Street le impuso una multa de 20 chelines.
Por poner esta cantidad en contexto, un chelín equivalía a la vigésima parte de una libra esterlina. Hoy hablaríamos de una libra en total y por lo tanto poco más de un euro al cambio actual (20 pesos). Quizá fue demasiado baja incluso para la época. Actualmente, en Reino Unido, la sanción mínima por conducir ebrio es de 2,500 libras (59,000 pesos) y también implica penas de prisión o de retirar la licencia de manejo.
Smith fue uno de los 12 taxistas escogidos para prestar servicio con los taxis eléctricos de la London Electrical Cab Company de Walter C. Bersey. En concreto, en el momento de su detención, este precoz conductor ebrio al volante lleva 22 días recogiendo y llevando pasajeros en este London Cab cero emisiones.
Estos taxis eléctricos a los que se les llamaba colibríes por el estridente sonido de su motor, duraron poco en las calles de Londres: estuvieron en activo sólo dos años, de 1897 a 1899, pues no fueron precisamente rentables, debido a su gran preso: sumaba nada menos que 711 kilos al peso total de estos taxis, en los que se desgastaban rápidamente los neumáticos o incluso reventaban los rines de madera.
Dado que Smith fue el primer automovilista borracho registrado, se entiende que los agentes lo apreciaron por pura sintomatología o quizá por el olor que debía desprender al bajar del taxi estampado.
Tras este primer caso, en el siglo XIX los agentes determinaban la ebriedad evaluando, por ejemplo, el equilibrio, la coordinación o el movimiento ocular. Es decir, si sus capacidades físicas estaban mermadas. Esto obviamente podía ser muy subjetivo.
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