Hay un transbordador espacial abandonado en Kazajistán. La URSS gastó millones para hacerlo realidad, pero nunca fue al espacio

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Pablo Monroy

La carrera espacial en la Guerra Fría fue un gran pilar de la maratón de fondo que enfrentó a la extinta URSS y Estados Unidos. Del lado soviético, su proyecto más ambicioso y caro de toda su historia fue el proyecto Burán. Su piedra angular fue un transbordador 100% autónomo, es decir, sin necesidad de pilotos y sin motores principales propios.

Un artefacto de este nivel necesitaba una infraestructura tremenda, incluyendo crear el avión de carga más grande del mundo o el cohete más potente del planeta en aquel entonces. Desafortunadamente y miles de millones después, todo acabó en la nada: su legado son dos reliquias abandonadas en un hangar en mitad de la estepa de Kazajistán.

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Baikonur es hoy por hoy el cosmódromo más antiguo y grande en activo. Sigue siendo administrado por Rusia, que paga un millonario alquiler anual a Kazajistán para mantener el control de este punto estratégico hasta 2050. En su interior hay un hangar que mantiene con vida las ruinas del proyecto Burán: una reliquia y cápsula del tiempo soviética con dos gigantescas naves en su interior.

Se trata del hangar MZK, en el área 112A de Baikonur. En él se encuentra el OK-1.02, o Ptichka, que era el segundo transbordador construido para el programa, casi terminado. Nunca voló, como sí lo hizo su hermano, el OK-1.01. Junto a él, está la OK-MT: una nave de pruebas para ensayos y operaciones. Estos dos mastodontes llevan décadas encerrados allí.

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Pero el programa Burán se canceló oficialmente en 1993, tras quedarse sin financiamiento por la caída de la URSS. Además, con el fin de la Guerra Fría, la carrera espacial había perdido gran parte de su sentido, y mantener tal infraestructura era imposible en plena crisis económica. Y es que este proyecto espacial era una auténtica máquina de quemar dinero.

Hasta enero de 1991, la URSS había gastado 16,400 millones de rublos en desarrollar el sistema, según cifras de Rostec, el conglomerado tecnológico estatal ruso. Pero exigía todavía más para completarse: las estimaciones eran de 27,000 millones en I+D, más 4,700 millones en nuevas infraestructuras. Una reconstrucción financiera sitúa el gasto total en unos 17,800 millones de rublos, equivalentes a unos 74,000 millones de dólares actuales.

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De ahí que el proyecto dejara de construirse, quedando al 95% y que tanto este transbordador como la nave OK-MT terminaran abandonados desde entonces en el interior del hangar MZK. Han pasado más de tres décadas mientras el polvo se ha ido acumulando sobre el fuselaje de estos vehículos espaciales gigantescos, que siguen allí parados en las instalaciones.

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