En un automóvil de más de 80 millones de pesos, encontrar una tecnología que tiene más de un siglo de antigüedad puede parecer inverosímil. Sin embargo, eso es precisamente lo que ocurre con el sistema de audio del Bugatti Tourbillon, que no utiliza bocinas convencionales, ya que aprovecha la estructura del auto para emitir sonido, gracias a un fenómeno descubierto en 1881: la piezoelectricidad.
Este fenómeno fue descubierto por los hermanos Pierre y Jacques Curie en 1881, cuando estudiaban el comportamiento de ciertos materiales, entre ellos el cuarzo. La magia de la piezoelectricidad radica en que algunos materiales generan una carga eléctrica cuando son sometidos a presión, pero cuando el proceso se realiza de manera inversa, pueden deformarse o vibrar cuando reciben una señal eléctrica.
Esta segunda propiedad es la que Bugatti llevó al automóvil, pues utiliza varios excitadores piezoeléctricos, los cuales reciben la señal eléctrica y transmiten las vibraciones hacia algunas superficies del vehículo, y de esta manera el Bugatti Tourbillon se convierte en una especie de bocina gigante. No significa que todo el automóvil resuena y emite sonido al exterior, ya que el sistema solamente aprovecha algunas partes.
Esta solución, además de ingeniosa, también va de la mano con la elegancia de Bugatti, ya que en el interior del Tourbillon no hay rejillas de bocinas convencionales y tampoco se agrega el peso de un sistema de audio normal (que no son nada ligeros), lo que se traduce en beneficios estéticos y de desempeño.
Aunque la automotriz francesa no inventó la piezoelectricidad, es interesante ver que un principio con más de 140 años se aplique de una manera moderna y en uno de los automóviles nuevos más caros y exclusivos que hay en el mundo. La producción del espectacular Bugatti Tourbillon se limitará a 250 unidades y cada una tendrá un precio base de 4 millones de euros, equivalente a casi 79 millones de pesos.
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