Dependiendo de la óptica con la que se vea, se puede tener tan buena o mala suerte para que un meteorito, o lo que quede de él al cruzar la atmósfera terrestre, caiga exactamente en un coche pues, a pesar de que a escala internacional circulan más de 1,644 millones de vehículos, únicamente ha sucedido tres veces a lo largo de la historia.
Además, la NASA dice que la Tierra recibe más de 100 toneladas de polvo espacial cada día, pero todo se quema en la atmósfera. Un objeto lo suficientemente grande como para no quemarse por completo solo impacta una vez al año, por lo que es más probable que le caiga un rayo a tu coche.
El primer caso conocido de un vehículo que enfrentó este escenario fue el 29 de septiembre de 1938, en Benld, Illinois, Estados Unidos. Un meteorito de hierro pétreo de casi 9 kilos cayó contra el techo del garaje de Edward McCain, luego contra el techo de su Pontiac cupé, el asiento y el suelo. Pero su carrera no terminó ahí, ya que la roca rebotó en el silenciador, para luego alojarse de nuevo en el asiento.
Curiosamente, un examen posterior del meteorito indicó que tenía una corteza de fusión de solo 0.04 pulgadas de espesor. Una corteza de fusión es la superficie exterior de la roca que se derrite durante la entrada atmosférica. Una tan delgada indica que la roca estaba relativamente fría durante su descenso.
Eso tiene sentido, ya que los meteoros normalmente se queman por completo antes de impactar la superficie de la Tierra. Una forma de evitarlo es impactando a menor velocidad, lo que reduce la fricción y la combustión. De esta manera, solo un pequeño fragmento llega al suelo, o, en este caso, a un Pontiac.
El 9 de octubre de 1992, un meteorito impactó en el pequeño pueblo de Peekskill, Nueva York. Una roca espacial condrítica rica en hierro de 12 kilos se estrelló contra el Chevrolet Malibu de 1980 de Michelle Knapp, de 18 años, quien se lo acababa de comprar a su abuela por la considerable suma de 400 dólares. Atravesó la cajuela del lado del pasajero y dejó un cráter de 15 centímetros en el suelo.
Resulta que la destrucción cósmica es un buen negocio, pues Knapp terminó vendiendo el Malibu por 10,000 dólares. Desde entonces, el coche se ha convertido en una pieza de museo itinerante y nunca ha sido reparado. El meteorito se vendió aún mejor, por 50,000 dólares.
El 25 de septiembre de 2009, un meteorito cayó sobre el parabrisas de su Nissan Pathfinder en Grimsby, Ontario, después de viajar por el cielo a 75,000 km/h. Los científicos solicitaron ayuda para localizar la roca, una pequeña condrita de 0.1 libras y 4,600 millones de años de antigüedad.
Ver 0 comentarios