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Mario, mecánico: “Si la correa de distribución cae, el motor dice adiós” y explica por qué no cambiarla antes de tiempo

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Pablo Monroy

Cuando se trata del mantenimiento del coche, hay componentes a los que apenas prestamos atención, hasta que fallan y debemos acudir al taller mecánico, tal y como sucede con la banda o correa de distribución; estamos hablando de una pieza fundamental para el funcionamiento del motor y que, cuando se rompe, puede terminar en un daño prácticamente irreparable al motor.

Mario, mecánico de Garage 13 Competition, lleva tiempo advirtiendo de ello en sus vídeos de TikTok e instagram: “Las marcas prolongan los mantenimientos hasta límites peligrosos, pero la realidad del taller no perdona: si la correa cae, el motor dice adiós”.

En esencia, la función de esta correa dentada, fabricada con goma reforzada, es sincronizar el movimiento del cigüeñal y el árbol de levas, para que los pistones y las válvulas de admisión y escape trabajen en el momento adecuado. Si se rompe mientras el motor está funcionando, esa sincronización desaparece y los pistones pueden golpear las válvulas, provocando una auténtica tragedia mecánica.

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Esto puede acabar con la cabeza del motor destrozada, válvulas dobladas e incluso un motor completamente inservible, algo que no es precisamente barato. Pero ¿cada cuánto tiempo hay que realizar el cambio de la banda de distribución para evitar llegar a estos extremos?

El intervalo de sustitución depende del fabricante y del motor, pero por norma general los plazos suelen situarse entre los 60,000 y los 150,000 kilómetros. También hay que tomar en cuenta la antigüedad: muchos fabricantes establecen un límite de entre cinco y siete años, incluso aunque el coche haya recorrido pocos kilómetros.

No obstante, Mario recomienda no confiarse demasiado y advierte que superar los 100,000 km puede convertirse en una apuesta arriesgada. “¿Nos fiamos de lo que dice el fabricante o realmente atendemos la lógica, el sentido común y hacemos revisiones periódicas?”, dice.

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Tampoco hay que esperar a que la correa se rompa para detectar un problema. Las grietas, los dientes deteriorados, una goma reseca o una tensión incorrecta son señales de desgaste que deben revisar en el taller. También conviene prestar atención a ruidos extraños en la zona del motor, vibraciones anormales al ralentí, dificultades para arrancar, fugas de aceite cerca de la distribución o un exceso de humo por el escape. No todos estos síntomas apuntan directamente a la correa, pero sí justifican una revisión.

El mecánico también pone el foco en un caso especialmente llamativo: los motores PureTech. En uno de sus vídeos muestra un propulsor con apenas 70,000 kilómetros al que ya estaban instalando su tercera correa de distribución. La anterior, una unidad reforzada que llevaba unos 30,000 kilómetros montada aparecía completamente degradada y soltando restos de goma.

“Mucha gente piensa que cambiando la correa de distribución de su motor PureTech cada 30,000 kilómetros se soluciona el problema de raíz… ¡y es un gran error!”, advierte. Según explica, sustituirla repetidamente o montar una versión reforzada no basta si no se aplica también la modificación técnica adecuada y la actualización de software. Por último, hay otro detalle que conviene tener presente cuando se realiza el mantenimiento: la correa no trabaja sola.

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Los tensores y las poleas también sufren desgaste y pueden fallar antes que incluso la propia goma. Por eso, cuando llega el momento de sustituirla, el mecánico avisa de que lo recomendable es revisar y cambiar los elementos asociados y aprovechar para sustituir la bomba de agua si está accionada por la distribución. Y si acabamos de comprar un coche usado y no tenemos constancia de cuándo se hizo el último cambio, lo más sensato es no arriesgarse: una avería de miles de pesos puede evitarse con una visita preventiva al taller.

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