No hay duda de que CX-5 es un vehículo de suma importancia para Mazda pues, desde que se lanzó en 2012, se han vendido más de 5 millones de unidades a escala internacional, así que no es poca cosa.
De hecho, es el modelo que más rápido ha alcanzado esta cifra de ventas en la historia de la firma, superando a modelos relevantes como el Mazda 3. Ahora, finalmente Mazda presentó en nuestro mercado su nueva generación, la tercera, con la que quiere seguir escribiendo el mismo éxito, y ya podemos adelantarte que esta nueva ejecución tiene todos los argumentos para mantener esas alegrías cosechadas a lo largo de 14 años, sobre todo en un mercado lleno de autos híbridos y enormes pantallas.
Por fuera, la evolución del diseño Kodo de Mazda en esta nueva CX-5 es evidente, aunque no es un cambio radical, porque si algo funciona, no hay por qué cambiarlo drásticamente, pero lo cierto es que ahora este SUV luce más refinado. Los faros son más estilizados, la parrilla tiene una nueva geometría, pero sin estridencias, los trazos en las vistas laterales son más limpios; un conjunto de elementos que nos recuerdan a sus hermanas mayores CX-70 y CX-90, mientras que los rines de aleación de 17 pulgadas son de nuevo diseño.
Lo que quizá no se aprecie de primera mano es que la carrocería de la nueva CX-5 creció. De los 4.57 metros de largo que conocíamos, dio el estirón hasta los 4.69 metros de largo, 1.86 de ancho y 1.69 de alto. El peso se mantiene dentro de lo que podríamos llamar razonable, con 1,629 kilogramos, 36 kilos menos que la anterior y en la misma versión Signature. Además, la distancia entre ejes se incrementó en 11.5 centímetros, hasta alcanzar 2.81 metros totales.
Pero es cuando te acomodas en el interior de este SUV que te das cuenta de que el habitáculo es más amplio, sobre todo en la segunda fila de asientos, donde ahora hay espacio más que suficiente para que las piernas viajen totalmente relajadas y que la cabeza no se sienta encerrada.
Otra consecuencia positiva del incremento de dimensiones de la CX-5 es el espacio en la cajuela, pues de los 871 litros del modelo saliente, ahora ofrece 954 litros de capacidad, cuyo diseño, dicho sea de paso, permite aprovecharse al máximo. Por cierto, el volumen puede crecer hasta 1,882 litros abatiendo la segunda fila.
Desde el asiento del conductor también descubres de inmediato que hay un gran cambio en el diseño, comenzando con una pantalla de 15.6 pulgadas en posición flotante, que luce acorde a nuestros tiempos, a la que se suma una pantalla de 10.25 pulgadas para el cuadro de instrumentos.
El volante forrado en piel y con paletas de cambio también es nuevo y luce la palabra Mazda con la nueva imagen de marca, justo en el centro, mientras que la consola central fue rediseñada, dejando espacio para dos porta vasos al fondo de la superficie, cargador inalámbrico, palanca de la transmisión, el botón del freno electrónico y el Auto Hold.
En lo personal me gusta que en la superficie de la consola central se haya eliminado el acabado negro piano. Muy bonito, sí, pero con el paso del tiempo termina rayándose, opacándose y dando un aspecto no muy agradable, a menos que desde nuevo se coloque una película transparente de protección.
Con la pantalla hay un cambio importante, ya que los botones físicos fueron eliminados para integrarlos justo en la pantalla, incluyendo la funciones del aire acondicionado. En cuanto a calidad de los materiales, sin duda CX-5 sigue sintiéndose un escalón por arriba de sus rivales, aunque hay secciones, como la parte superior del panel de instrumentos, en los que domina el plástico.
Bajo el cofre, las tres versiones que se ofrecen en nuestro mercado equipan el motor atmosférico de cuatro cilindros SkyActiv-G de 2.5 litros, que para esta entrega ofrece 177 caballos de fuerza y 177 libras-pie de torque, 11 hp menos y 9 libras-pie de torque menos que el bloque anterior, acoplado a una transmisión automática de 6 velocidades.
En cuanto al manejo, la CX-5 siempre ha destacado por una conducción suave, equilibrada y bien ajustada. No toma mucho tiempo descubrir que Mazda apostó por hacer un vehículo más confortable pues, bajo su elegante carrocería se encuentra un chasis bien afinado. Responde con certeza a los cambios de dirección, gracias a la buena calibración del sistema y a un volante que no deja de transmitir información de las ruedas, de hecho el tacto es muy bueno.
En el apartado del motor, a pesar de haber dejado algunos caballos de fuerza en el camino, lo cierto es que el bloque de 2.5 atmosférico empuja con solvencia, sobre todo a bajas y medias revoluciones, y con un consumo de combustible urbano en torno a los 8 km/l, un tanto elevado si apelamos a las capacidades del propulsor.
Eso sí, su desempeño te permite ganar velocidad con rapidez y es capaz de mantener ritmos altos, aunque la transmisión automática por convertidor de par también abona mucho al buen trabajo del tren motriz, pues administra cada cambio con precisión.
Quizá el único pero que le encontramos es que, de momento, no hay noticias sobre si el bloque turbocargado, también de 2.5 litros, de 227 hp y 310 libras-pie de torque hará acto de presencia en esta nueva generación en algún momento, tal y como sucedía en la variante Signature de la ejecución anterior, pues un propulsor con estas características le darían un manejo más dinámico para quienes gustan de esa posibilidad.
Por los 719,900 pesos que cuesta la variante Signature actual, debería de haber la posibilidad de aspirar a esta mecánica. De vuelta a la prueba, al activar el modo de manejo Sport las cosas mejoran un poco, pues la electrónica se encarga de estirar un poco más las marchas de la transmisión, manteniendo al motor entre medias y altas revoluciones, lo que permite una reacción más inmediata al toque del acelerador.
Una vez más Mazda supo ajustarse a la actualidad y la prueba es que la nueva generación de la CX-5 responde a las necesidades de sus clientes. Su incremento en tamaño se acompaña de un tren motriz revisado y una profunda actualización tecnológica, cualidades con las que la CX-5 sigue ofreciendo lo que se espera de este SUV, pero ahora con mejores condiciones. Está disponible en nuestro mercado en tres versiones: I Sport (599,900 pesos), I Grand Touring (659,900 pesos) y Signature (719,900 pesos).
Ver 3 comentarios