Las heladas son un reto para transportar autos en barcos: se convierten en bloques de hielo con un peligro extra, la sal

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Pablo Monroy

El frío causa diferentes estragos según su intensidad y el punto del planeta en el que nos encontremos, desde caminos inaccesibles hasta cancelaciones de vuelos, pero si hablamos de coches, llevar un cargamento de autos nuevos y usados en una tormenta invernal extrema, también es complejo.

Esto nos lleva a la ciudad rusa de Vladivostok, diciembre de 2021. Rusia tiene fama de inviernos duros y aunque la ciudad portuaria no es Siberia, la realidad es que su temperatura promedio ronda los -8 grados. Pues bien, allí atracó por esas fechas el buque carguero "Sun Rio", repleto de unos enormes bloques de hielo, que escondían coches japoneses usados y nuevos.

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No era la típica escarcha que se forma sobre los coches cuando se quedan estacionados a la intemperie y nieva, sino una verdadera cápsula sólida y compacta, que se había originado en una fuerte tormenta que había acaecido en el mar de Japón y que necesariamente el buque tuvo que enfrentar para llegar a su destino. En realidad, era la combinación de tormenta y mar la que había provocado ese efecto.

El fenómeno se llama congelación por rociado y se produce en barcos, estructuras costeras o plataformas cuando todos los ingredientes de la receta están presentes, es decir, mucho frío (temperaturas inferiores a -2 grados), viento fuerte y el mar tan agitado que las olas rocían agua al aire.

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Dicha agua salada pulverizada se congela al instante al tocar superficies frías, como sucedió sobre esos coches a la intemperie. La adherencia, capa a capa cubrió completamente la carrocería y hasta el interior de los coches en aquellos vehículos en los que las vidrios no soportaron el peso.

Visualmente llama mucho la atención, pero también es peligroso, tanto para la integridad del vehículo, pues bloquea equipos y sensores, como la del buque.  Esa gruesa capa añade peso al elemento donde se haya adherido, desplazando su centro de gravedad y afectando a su estabilidad.

Los coches estaban detenidos sí, pero había unos cuantos en la cubierta, lo que aumenta el riesgo de volcadura para un buque relativamente pequeño como este. Como detalló el capitán Pyotr Osichansky al medio ruso VL, no era la primera vez que pasaba en esta habitual ruta de suministro de autos Vladivostok-Busan-Toyama, pero sí había sido una de las veces más intensas.

Con los coches encapsulados en hielo, la operación de descargar se complica y esperar a que el hielo se derrita no es una opción, así que el personal recurrió a descongelantes, mangueras y la clásica palanca de hierro para ir separando los coches uno por uno. Algunos salieron bastante bien, otros no tanto.

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Cabe recordar que no es un hielo normal sino que procede de agua salada, un auténtico catalizador para la corrosión en la carrocería, tornillos, frenos y otros elementos, incluso en los coches que aparentemente estaban en buen estado.

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