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Hay más magia en el Mazda MX-5 que probamos, que en las pelis de Harry Potter
Pruebas de coches

Hay más magia en el Mazda MX-5 que probamos, que en las pelis de Harry Potter

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Esta prueba te la puedo contar en sólo 60 palabras o en 15 párrafos. Si decides lo primero, quédate con esto: el Mazda MX-5 es un deportivo cuyo menor de sus encantos es ser convertible. No es el auto que te compras simplemente por ser descapotable, es el biplaza que te llevas a casa porque la pureza de su manejo te invadió de pies a cabeza. Es un roadster que todo mundo halaga, y hoy no pienso contradecir a nadie.

Si decides quedarte hasta el final de la prueba —o si ya has manejado el nuevo MX-5— entenderás por qué digo todo esto. Por eso no esperes una reseña tan objetiva como las que habitualmente publicamos en Motorpasión México, porque esta vez me es imposible serlo, pero sí espera un testimonio lleno de detalles sobre cómo es la vida desde el volante del Mazda MX-5. ¿Listo? ¡Pues vamos!

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Un diseño que enamora: La filosofía KODO en sus proporciones más perfectas

Dos de la tarde. Justo es la hora de la comida, cuando suena mi teléfono. Un Mazda MX-5 rojo ya me estaba esperando afuera. Reviso la unidad, firmo los papeles donde le vendo mi alma a Mazda si algo le sucede a su querubín y lo guardo el estacionamiento. No recorrí ni 100 metros y la vibración de la palanca de velocidades ya había despertado en mí suficiente curiosidad como para apurar las horas del reloj. Pocas veces había ansiado tanto que terminara el día y pudiera llevarme un auto a casa.

Vale, aún no lo puedes sacar a pasear, pensé, pero nada te impide mirarlo hasta que se ponga incómodo. El MX-5 parece ser el eje de desarrollo de todos los Mazda. Siempre que probamos uno, decimos que hay un poquito de él en cada modelo de la marca. Parece que la gama entera gira a su alrededor y, sin embargo, queda claro que se cocina en un horno diferente al del resto, empezando por el diseño.

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La interpretación más original del diseño KODO de Mazda está en el MX-5.

Recorro el coche de esquina a esquina y miro cómo se dibujan las luces y las sombras en su carrocería. Mazda fue capaz de adaptar la corriente de diseño KODO al más peculiar de sus modelos sin caer en formas redundantes —como sucede entre sus sedanes. Como consecuencia tenemos un MX-5 de mirada agresiva y proporciones encantadoras, pero con identidad propia. El cofre es largo, la trasera es corta y el parabrisas está muy inclinado. Sí, impone, a pesar de que en persona es más pequeño de lo que imaginaba: mide sólo 1.23 metros de alto y 3.91 de largo.

Cuando el reloj por fin marcó la hora de ir a casa, ya de noche, pude entrar con mayor calma al MX-5 y descubrir sus primeros secretos. Lo primero que capta mi atención es la pantalla —mea culpa, soy millenial— y su posición, que como el aroma y la instrumentación, me resulta familiar tras haber tenido ya algunos Mazda en el garaje.

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Es fácil encontrar la posición de manejo adecuada, pero conductores altos pueden sufrir por lo bajo del techo.

Conecto el Bluetooth y pongo música. Me sorprende que pese a lo pequeño que es el interior, encontrar la posición de manejo es fácil. Cuando las marcas nos hablan de habitáculos diseñados alrededor del conductor, se refieren a esto. Incluso la perilla de control del sistema de infotenimiento está en la posición correcta, y no demasiado atrás como sucede, por ejemplo, en un Mazda2.

Engrano primera, salgo del estacionamiento y de inmediato me incorporo a un embotellamiento. No diré que el pedal del clutch es tan suave como el de un auto diseñado expresamente para la ciudad, pero tampoco me resulta cansado. En este trayecto jamás rebasé los 50 km/h y aún así fui capaz de sentir esa sensación que todos enaltecen en el MX-5: la palanca de velocidades vibra, el motor suena ronco —sí, es un 2.0 litros— y la suspensión sólo filtra lo necesario para que no deteste vivir en una ciudad repleta de baches.

En ciudad es más cómodo de lo que parece, y el rendimiento de combustible es muy bueno: 10.5 km/l.
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¿Qué de mágico puede tener un auto de 155 hp?

Cinco de la mañana del día siguiente. Los pocos kilómetros que recorrí en el MX-5 el día anterior no fueron suficientes para explotar toda su magia. Por eso, aún a escondidas del sol, tomo las llaves del Mazda MX-5, pongo un disco de Supersubmarina y me escapo a la carretera, no sin antes haber disfrutado de la Ciudad de México (casi) vacía.

Los primeros kilómetros en la carretera ya se podían contar por las veces que el auto me había hecho sonreír. ¿Por dónde empezar? La dirección retroalimenta mucho, es precisa y no asiste más que lo necesario. Esto, combinado con un reparto de pesos perfecto entre cada eje, una suspensión firme —aunque no dura— y una posición de manejo cercana al piso, tiene como (bonita) consecuencia un casi inexistente body-roll a la hora de tomar curvas y muchas ganas de seguir hundiendo el pie sobre el acelerador, amparado por un bloqueo electrónico de diferencial que hace todo por mantener buenos niveles de tracción en curvas.

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La sensación de ir tan cerca del piso y la conexión con cada componente mecánico lo convierten en un roadster adictivo.

Te preguntarás: ¿un motor atmosférico de 2.0 litros de 155 hp fue la mejor decisión para un deportivo así? Y te responderé que sí, sí y mil veces sí. Un motor más grande aumentaría el peso y restaría encanto al MX-5; un turbo quizá lo volvería más explosivo, pero rompería con la linealidad de la aceleración y la esencia de deportivo old-school. El hecho es que para moverse —y moverse rápido— el Mazda MX-5 no necesita más de 155 caballos y 148 lb-pie de torque: pesa apenas 1,074 kilos, por lo que cada caballo y cada libra-pie se puede ir olvidando de cargar peso de más y centrarse en ganar velocidad.

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Tarda exactamente 7.3 segundos en alcanzar los 100 km/h, pero desde su despegue ya se percibe muy alegre y ligero. El motor encuentra su mejor momento alrededor de las 4,500 revoluciones (¡y se puede mantener girando hasta las 6,800!), pero incluso por debajo de las 2,000 rpm ya hay suficiente torque. ¿Qué quiere decir? Que prácticamente sin importar a qué rengo de revoluciones vayamos, el auto responde rápido. En ocasiones, para recuperar, ni siquiera es necesario engranar una velocidad hacia abajo, sólo hundir un poco más el pie sobre el acelerador.

Cuando te dicen que el Mazda MX-5 es un auto desarrollado para transmitir sensaciones, se refieren justo a todo lo anterior, y no precisamente a la sensación del viento al ir con la capota abajo. ¡No! Que esa experiencia sea el premio de consolación del copiloto, porque quien va al volante sabe que va en el mejor asiento del MX-5. Ningún auto es tan divertido por ese precio.

La capota de tela es manual, pero muy fácil de instalar. Incluso desde dentro, estando sentados, basta con estirar el brazo y ajustar el gancho.
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El Mazda MX-5 vale cada centavo y lo puedes utilizar todos los días

Con una etiqueta de 356,900 pesos, el Mazda MX-5 no es barato, pero pongámoslo en perspectiva. Cuesta unos centavos menos que la versión más equipada del Mazda3, y aunque es cierto que en algunos acabados y en equipamiento el MX-5 no iguala el sonido Bose, la tapicería bitono, el navegador ni el head-up display del Mazda3, su conducción lo supera con creces.

Al final, dentro de todo el capricho que puede ser adquirir un roadster, el Mazda MX-5 es una alternativa muy sensata —y a buen precio— para quien ocasionalmente viaja con un pasajero. La cajuela ofrece suficiente espacio para una maleta o las compras del supermercado, el consumo es sumamente lógico en escenarios urbanos (10.5 km/l) y la suspensión, aunque firme, no llega a cansar ni a golpear en cualquier tope. Quizá un Volkswagen Polo GTI o cualquier otro hot-hatch parezca una opción mucho más sensata, y por espacio quizá lo sea, pero en materia de diversión y distinción, el Mazda MX-5 es quien pone las reglas.

8.1

Calidad9
Equipamiento8
Seguridad9
Motor9
Comportamiento10
Consumo9
Espacio interior6
Cajuela4.5
Comodidad7.5
Precio9

A favor

  • ¡El manejo! Un roadster con sabor a tradición.
  • El diseño KODO le queda como traje a la medida.
  • Su capacidad de uso en el día a día.
  • Es un deportivo que rinde 10.5 km/l en ciudad.

En contra

  • Poco espacio para conductores altos.
  • Hay que andarse con cuidado por baches y topes sorpresa.

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Ficha técnica del Mazda MX-5

Versión probada

i Sport

Motor

4 cilindros

Suspensión delantera

Independiente de doble horquilla

Cilindrada

1,998 cm³

Suspensión trasera

Independiente Multi-Link

Potencia máxima (hp @ rpm)

155 hp @ 6,000 rpm

Longitud

3,915 mm

Par máximo (lb-pie @ rpm)

148 lb-pie @ 4,600 rpm

Cajuela

130 litros

Transmisión

Manual de 6 vels.

Consumo urbano

10.5 km/l

Tracción

Trasera

Consumo en carretera''

14.4 km/l

Frenos

Disco / Disco

Consumo combinado''

12.7 km/l

Peso

1,074 kg

Capacidad del tanque

45 litros

Velocidad máxima

N.D.

Emisiones de CO2'

148 g/km

Aceleración 0-100 km/h'

7.3 s

Precio

$356,900

' Cifras oficiales del fabricante
'' Cifras publicadas por la EPA

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