En el mundo de las motocicletas, hemos visto construcciones que impresionan, como motos equipadas con motores de Ferrari o con propulsores provenientes directamente de un Dodge Viper, incluso hasta impulsadas por turbinas de helicóptero, pero también a ingenieros que utilizaron el horno de su esposa para fundir partes y dar vida a grandes ejecuciones como la Britten V1000.
Sin embargo, una moto cohete propulsada por vapor de agua, nuevamente demostró que esta tecnología, asociada durante décadas a locomotoras y centrales eléctricas, todavía puede ofrecer cifras extremas sobre el asfalto. Para ello, el ingeniero británico Graham Sykes, llevó su máquina Force of Nature hasta una aceleración de cero a 100 km/h en apenas 0.4 segundos, sí, leíste bien.
La prueba se llevó a cabo en el circuito Santa Pod Raceway, en Bedfordshire, Inglaterra, durante un festival de aceleración en el que Sykes y su equipo planificaron una única aceleración con una precisión casi quirúrgica.
La escena combinó expectación, riesgo y una nube de vapor que salió disparada desde los enormes conductos traseros de la moto al activarse el sistema de propulsión.
A simple vista, la Force of Nature es una motocicleta un tanto extraña. Su carenado largo y afilado, sus dos ruedas y sus grandes salidas posteriores responden a una función muy concreta: liberar de golpe la presión generada en una caldera de 120 litros.
Esa agua se calienta mediante un quemador hasta unos 260 grados, creando la energía necesaria para impulsar el vehículo por encima de los 320 km/h.
El corazón técnico de esta moto de vapor es, precisamente, el componente que Sykes decidió no fabricar en su taller. Según explicó el propio piloto e ingeniero, la caldera procede de una empresa especializada en recipientes presurizados para la industria nuclear, petrolera y gasística.
La razón es la seguridad: "Si explotara, no sería sólo yo quien resultaría herido o muerto", afirmó Sykes. "También lo sería todo el mundo a mi alrededor".
El resto del vehículo fue desarrollado casi íntegramente por el propio Graham Sykes, mecánico de profesión y obsesionado desde hace años con construir una auténtica moto cohete.
Su inspiración, según relató, procede del intento de Evel Knievel de saltar el cañón del río Snake en los años 70 con un cohete de agua sobrecalentada. "Siempre quise pilotar una moto cohete", señaló. "Pero nadie iba a preguntarme: 'Oye, Graham, ¿te gustaría pilotar mi moto cohete?', así que la única forma de hacerlo era construir una".
El procedimiento antes de cada salida resume el nivel de riesgo de la prueba. Cuando la moto llega a la línea de salida, Diane, la esposa de Sykes, retira el pasador de seguridad, se lo muestra para confirmar que el sistema está activo y le toca la cabeza antes del arranque.
"Nada puede prepararte para lo que vas a experimentar. Es como recibir una patada por detrás: la fuerza G tira de tu cuerpo hacia atrás", explicó el piloto sobre una aceleración que lleva la máquina de cero a 100 km/h en menos de medio segundo.
La aceleración terminó sin incidentes y volvió a evidenciar el potencial de una tecnología que muchos consideran obsoleta. Sykes defiende que el vapor sigue siendo clave en buena parte de la generación energética moderna.
"La gente piensa que el vapor es una fuente de energía antigua y desfasada, pero toda central eléctrica que genera energía a partir de combustible funciona, en realidad, gracias al vapor", concluyó. Su siguiente objetivo es reducir más el tiempo y acercarse a una pasada de cuatro segundos en el cuarto de milla.
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