Aunque parezca extraño, hace 40 años el Buick Riviera se presentó en Estados Unidos con el Graphic Control Center, un invento que evocaba tanta modernidad como todo lo tecnológico de aquella época ya lejana. Con el siglo XXI a la vuelta de la esquina, el año 2000 se nos vendía como una insólita frontera que estábamos a punto de cruzar, para llegar de repente al futuro.
Un ejemplo de aquel paso al futuro lo componía el tablero del Buick Riviera, un elemento completamente vertical, en el que destacaban el cuadro de instrumentos digital y la asombrosa pantalla táctil de la consola, que parecía un monitor monocromático de una computadora, pero que daba de sí mucho más.
Nacido en 1963 con guiños en su denominación al Buick Roadmaster Riviera de 1949 y al Buick Electra 225 Riviera de 1959, el Buick Riviera había sido concebido como coupé de lujo, posicionado por General Motors para competir con el Ford Thunderbird.
De esta forma, generación tras generación, el Riviera incorporara lo bueno y mejor de General Motors, en un intento de demostrar hasta dónde podían llegar los avances del coloso automotriz. En 1986, la séptima generación del Buick Riviera realmente dio un golpe sobre la mesa al presentar ante el mundo la primera pantalla táctil a bordo de un vehículo, para controlar sus funciones.
En la pantalla verde de 9 pulgadas se accedía a los menús que se seleccionaban con seis botones que tenía a su alrededor: aire acondicionado, radio, panel de información, computadora de viaje y diagnóstico del vehículo, todo en una época donde menos del 10% de los hogares de Estados Unidos tenían una computadora personal en casa.
“Desde su concepción, hubo una importante meta que el nuevo Riviera tenía que conseguir. Tenía que ser un coche para disfrutar, más incluso que en un sentido tradicional. Ciertamente, tendría un manejo fiel, prestaciones enérgicas y asientos que permitieran viajar largas distancias, pero habría algo completamente nuevo, algo inesperado que crearía una comunicación entre el coche y el conductor que nunca antes había sido posible.
“El Graphic Control Center (GCC) crea esa relación. Su tubo de rayos catódicos sensibles al tacto aportan al conductor la información más importante, y control de más funciones que cualquier instrumento individual o cualquier grupo de instrumentos nunca montados en un Buick. De hecho, llevaría cerca de 100 pulsadores hacer el trabajo de esta pantalla única. Y gracias a esta única interacción entre el Graphic Control Center, el conductor del Riviera se encontrará a sí mismo en una íntima harmonía con su automóvil.
“Tocando el borde de la pantalla se accede a las principales funciones mostradas como ilustraciones. Tocando las imágenes de la pantalla se controla el aire acondicionado, un monitor de viaje de ocho funciones, y el sistema de sonido AM-FM que puede incluir un ecualizador gráfico. Al tocar la pantalla podrá acceder a la información de diagnosis, una pantalla de calibrado o a un resumen de varias funciones clave.
“Los faros, el control de crucero, los limpiaparabrisas y lavaparabrisas, el antiniebla trasero y otras funciones habituales se controlan por unos botones de tacto suave dispuestos a cada lado del panel de instrumentos digital.
“Por todos los criterios tradicionales, el Riviera es definitivamente un coche para disfrutar. Unos minutos al volante se lo confirmarán. Y con el Graphic Control Center, la expresión "coche para disfrutar" cobra un nuevo significado”, explicaba Buick en un catálogo de la época.
Poco después desaparecería del mapa el Graphic Control Center, pues los clientes no lo consideraban práctico, y la idea quedó enlatada hasta un momento más propicio, hasta que los consumidores se acostumbraran a utilizar pantallas táctiles en los dispositivos móviles y de esta manera no notaran tan extraño eso de navegar con los dedos por las funciones de un automóvil.
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