Los neumáticos son los únicos componentes del coche que tiene contacto con el suelo, de ahí que sea de suma importancia valorar su estado pues, con el paso del tiempo, el inevitable desgaste va mermando sus características de tracción en seco o mojado, dirección y por supuesto, distancia de frenado.
La duración de un neumático depende de varios factores a los que se haya enfrentado a largo de su vida útil, algo que tocaremos más adelante, pero para darnos una idea, Michelin indica que, por tiempo, si los neumáticos no han sido reemplazados 10 años después de su fecha de fabricación, se recomienda cambiarlos por unos nuevos, esto como medida de precaución, sin importar si el vehículo en cuestión rodó pocos kilómetros. Esta recomendación también se aplica a la llanta de refacción.
Desde el punto de vista de la distancia recorrida, cambiar un neumático por kilometraje es un parámetro más difícil, pues no es lo mismo el trabajo que hacen los neumáticos en un taxi, por ejemplo, o los de un SUV que recorre menos de 50 kilómetros diarios.
Entonces, ¿cómo saber que ya es momento de cambiar las llantas del coche? La respuesta es sencilla: revisando el desgaste de la banda de rodadura y las condiciones generales del resto de los componentes de un neumático.
La mayoría de los fabricantes de neumáticos coinciden en que, cuando la profundidad de la banda de rodadura alcanza los 1.6 milímetros, es el momento de reemplazar las llantas, pues es el límite antes de que estos componentes dejen de ofrecer sus cualidades.
En la actualidad en muy sencillo revisar esta marca, pues entre los surcos del dibujo de la banda de rodadura existen marcas del mismo caucho que integran la llanta. Cuando el desgaste llega justamente a estas marcas, entonces llegamos al límite de desgaste seguro y debemos cambiarlas.
Aquí lo importante es la forma en que llegamos a esas marcas de límite de desgaste, pues de eso dependerá el tiempo de duración de una llanta. Habrá vehículos que lleguen a ese límite a los 2 o 3 años, pero habrá otros que tarden mucho más, pero ¿de qué depende? Toma nota.
Malos hábitos de manejo
Entre estas acciones encontramos acelerar y frenar bruscamente, ya que esto provocan una fricción excesiva y queman el caucho, desgastando la banda de rodadura rápidamente. A esto se suma tomar curvas rápido, algo que incrementa la carga lateral sobre las llantas, causando un desgaste prematuro en los bordes.
Además, el hecho de girar el volante violentamente, algo que somete a las llantas a fuerzas excesivas y en consecuencia a un mayor desgaste, así como el no reducir la velocidad ante baches, topes o banquetas puede provocar deformaciones o protuberancias, esto debido a rupturas estructurales de la llanta.
Presión de inflado incorrecta
El primer daño que causamos a las llantas por traerlas con baja presión es un desgaste irregular más por los laterales y los flancos, hasta el punto de dejarlo totalmente inservible mucho antes de lo que debería, lo que significa que la vida útil del neumático se acorta y es necesario cambiarlo, afrontando el costo que esto supone.
La baja presión también afecta al rendimiento del coche en las curvas. Por ejemplo, si las llantas delanteras están desinfladas, el vehículo tiende a subvirar, es decir, no logra mantener la trayectoria deseada y tiende a perder el trazo hacia el exterior.
Por el contrario, cuando son las llantas traseras las que están bajas, se produce un sobreviraje, un cambio de dirección inesperado que puede desorientar al conductor y generar una peligrosa corrección del volante o un choque
En caso contrario, inflarlos con una presión por arriba de la establecida tampoco es saludable, pues cuando cometemos el error de desplazarnos con los neumáticos sobreinflados el contacto óptimo de la llanta con el suelo se pierde.
El exceso de aire provoca que únicamente una parte de la banda de rodadura esté en contacto con el asfalto, la central, por lo que el neumático no trabaja al 100% de sus capacidades, con el consecuente riesgo que eso conlleva.
Exceso de carga en el coche
Tener la costumbre de manejar un coche muy cargado de peso tiene varias consecuencias, pues no sólo las llantas se desgastarán más rápido debido a la mayor presión que se ejerce a ellas sobre el suelo, sino que también involucra el desgaste prematuro de otros componentes de la suspensión, como resortes y amortiguadores, sin olvida el hecho de que la dinámica de conducción cambia por completo en un coche con exceso de peso, pues implica mayor desgaste de los frenos y mayor consumo de combustible.
Reparaciones
Cuando sólo el neumático resultó dañado tras caer en un bache, en la mayoría de los casos queda inservible pues, cuando se abre en alguno de sus costados difícilmente se puede reparar, pues no sólo el caucho se corta, sino que también los alambres y fibras textiles de la estructura interna de la llanta se rompen, lo que provoca que ya no tenga soporte.
Al respecto, Continental señala que un neumático no se puede reparar tras una pinchadura si la profundidad de rodamiento es inferior al límite legal de 1.6 mm; si la goma está agrietada, desgastada o deteriorada; si el tamaño de la perforación es mayor que o igual a 6 mm de diámetro; si la perforación se ubica fuera del área de rodamiento y en la pared lateral y si la integridad estructural del neumático ha sido afectada o hay daños en el sistema anti-pinchazos. Debido a motivos de seguridad, Continental nunca recomendaría reparar un neumático sino cambiarlo por uno nuevo.
Rotación de los neumáticos
Como lo hemos explicado, con el uso, la banda de rodadura de las llantas del vehículo sufre un desgaste y las que más lo padecen son las colocadas en el eje delantero, esto debido a que, en la actualidad, la mayoría de los coches son de tracción delantera y soportan el peso del motor y, además, son las encargadas de guiarlo por medio de la dirección.
Ésa es la razón por la cual se deben rotar las ruedas para que el desgaste en las cuatro extremidades sea parejo, pues, de esta forma, se prolongará su óptimo desempeño y funcionamiento de las llantas.
De acuerdo con Goodyear, el periodo de rotación de los neumáticos varía en función del modelo de cada coche, pues cada uno cuenta con características específicas, además, el desgaste también depende de nuestros hábitos de manejo y del uso que le demos.
Sin embargo, el fabricante de neumáticos sugiere que debe realizarse cada que llevemos nuestro coche al servicio o cuando hayamos recorrido entre 12 mil y 14 mil kilómetros y hacerlo con un especialista.
Alineación y balanceo
Con frecuencia, la gente se confunde entre la alineación de las ruedas y el balanceo de las ruedas y estos conceptos son completamente diferentes. Esencialmente, la alineación es el proceso en el que se ajustan los ángulos de los neumáticos de nuestro vehículo para que queden paralelos entre sí y perpendiculares al asfalto, esto conforme lo especifica el fabricante de cada vehículo.
En el caso del balanceo, se ajustan los pesos de la llanta y su rin para mantener un equilibrio correcto entre ellos, en pocas palabras, es el servicio en el que se distribuyen uniformemente el peso entre los neumáticos y los rines para que giren sin causar vibraciones innecesarias.
La alineación y balanceo se van perdiendo con el uso, pero si eres de los conductores que aprovecha cada bache antes de que lo tapen para pasar sobre él, si no frenas lo suficiente al pasar un tope y pisas el acelerador en calles empedradas o terracerías, además de dañar otros componentes de la suspensión, como amortiguadores, rótulas y brazos de dirección, entre otros, estás acelerando el proceso de desgaste.
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