La NASA lo confirma desde el espacio: CDMX se está hundiendo más de 2 cm al mes. Eso empeora el estado de las calles

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Pablo Monroy

Las lluvias, el calor y el paso constante de los vehículos que desgastan la carpeta asfáltica son sólo algunos de los fenómenos que se encargan de formar baches, pero existe otro factor que también provoca estas formaciones: el inminente hundimiento de la Ciudad de México.

Existen varios puntos en la capital del país donde se pueden ver estos escenarios, como el hundimiento de la avenida Congreso de la Unión, cuyos cimientos, que soportan las vías elevadas de la línea 4 del Metro, mantienen su nivel, mientras que la superficie que los rodease hunde, provocando desniveles en el asfalto que a más de uno a dejado con rines o neumáticos rotos.

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Tal y como sucede en avenida Zaragoza, cuyas deformaciones son dignas de una película de guerra, debido a un deterioro progresivo por hundimientos diferenciales, que tienen causas múltiples, como la sobreexplotación del acuífero, el tránsito constante de vehículos pesados, la sismicidad regional y la fragilidad del subsuelo lacustre.

Ahora, la NASA lo ha confirmado. Durante más de un siglo, diversos factores, como el bombeo de agua subterránea y el peso del desarrollo humano, han provocado que el lecho lacustre bajo la Ciudad de México se compacte cada vez más, provocando que algunas zonas se hundan alrededor de 35 centímetros por año.

Datos proporcionados por el satélite NISAR revelaron que este fenómeno se está acelerando, pues entre octubre del 2025 y enero de 2026, algunos puntos de la CDMX presentaron hundimientos de, en promedio, 2 centímetros por mes, según un mapa generado por este dispositivo.

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El mapa muestra en color azul distintos puntos pertenecientes al área donde se encuentran los principales lagos de la CDMX. Dicho color representa zonas con un hundimiento acelerado. Un ejemplo es el Ángel de la Independencia, en el Paseo de la Reforma.

De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres, “el hundimiento del terreno es un problema que ocurre cuando el suelo desciende o baja. Esto puede pasar paulatinamente durante meses o años; o bien, de manera repentina en cuestión de segundos o minutos. Puede afectar casas, calles, carreteras y otras obras como puentes o vías del tren, tanto en zonas urbanas como rurales”.

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De ahí que los baches aparezcan cuando el suelo se hunde. “Existen distintos tipos de hundimientos. Uno es el hundimiento local, que es más pequeño y, generalmente, ocurre de forma rápida; a estos comúnmente les llamamos Socavones.

"Pueden aparecer después de lluvias intensas o por fugas de agua, pero también de manera natural; por ejemplo, cuando se colapsa el techo de una cueva, como ocurre con algunos cenotes en la península de Yucatán”. Estos eventos pueden ser peligrosos y, en algunos casos, han causado accidentes graves como fue el caso del Paso Express en Cuernavaca, en julio de 2017.

Otro ejemplo conocido fue el socavón que apareció en Puebla en 2021, en un terreno de cultivo. Ahí el agua fue erosionando el subsuelo poco a poco, se formaron huecos por debajo hasta que el terreno colapsó repentinamente.

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La misma dependencia explica que “también existe el hundimiento regional, es más lento, pero afecta áreas muy grandes. Ocurre, principalmente, por la extracción excesiva de agua del subsuelo. Es común en ciudades que se construyeron sobre antiguos lagos, como Ciudad de México, o en algunas zonas del Bajío, como Abasolo, en Guanajuato, y la ciudad de Aguascalientes”.

De modo que el hundimiento del suelo está ligado a la aparición de baches. Tan sólo en 2025, las 16 alcaldías de la capital realizaron una inversión de más de 700 millones de pesos para bachear las vialidades secundarias, y el 60 por ciento de dicho gasto se concentra en sólo cinco demarcaciones.

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El satélite NISAR, desarrollado por la NASA y la Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO), utiliza un doble radar para ver a través de nubes y vegetación. Esto le permite detectar cambios milimétricos en el suelo. Con su antena de 12 metros, escanea la Tierra cada 12 días, creando una "película" de la deformación terrestre.

Esta herramienta funciona como un sistema de alerta global que predice desastres, vigila el deshielo de los glaciares y mide la biomasa de los bosques. Esta tecnología es crucial para que el mundo pueda comprender y reaccionar con precisión ante los efectos del cambio climático.

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