Parece broma, pero no lo es. Un estudio, realizado por el Instituto para la Justicia en Estados Unidos, identificó al menos 14 casos en los que agentes del orden utilizaron las cámaras de tráfico instaladas en la calle para rastrear a parejas sentimentales, ex parejas o incluso desconocidos que les interesaban. Es fácil deducir que si los sistemas de cámaras de tráfico continúan expandiéndose, esta cifra no hará más que incrementarse.
Esos 14 ejemplos son importantes, pero no representan la historia completa. En la mayoría de estos casos, el mal uso no fue detectado por agentes de la ley que denunciaban a los infractores, sistemas internos ni auditorías. En cambio, salió a la luz porque las víctimas notaron patrones inusuales y lo denunciaron. Esto plantea una cuestión más amplia sobre con qué frecuencia se utiliza este tipo de acceso de forma indebida sin ser detectado.
En la mayoría de los casos, el resultado siguió un patrón conocido. Los agentes fueron acusados, renunciaron o fueron despedidos por sus departamentos. En teoría, esto sugiere rendición de cuentas, pero no necesariamente cierra el círculo ya que, perder un trabajo en las fuerzas del orden no implica automáticamente perder la certificación.
En muchos estados, la certificación se gestiona por separado del empleo y requiere un proceso propio para su revocación, el cual puede llevar tiempo y no siempre conlleva una prohibición permanente para ejercer como policía.
Para muestra, un botón. En el condado de Kenosha, Wisconsin, en 2025, el ayudante del sheriff Frank McGrath renuncio con una indemnización por despido después de que los investigadores internos descubrieran que utilizó el sistema Flock del departamento para vigilar a otra agente con la que mantenía una relación sentimental.
Si bien es cierto que ninguno de los oficiales involucrados sigue trabajando para los departamentos donde ocurrieron las faltas, no existe ningún registro público que confirme si perdieron su certificación. Sin ese paso, un oficial podría buscar empleo en otra agencia.
Toda esta situación pone de manifiesto la falla del argumento que suelen esgrimir los sistemas de cámaras como este en la Unión Americana y sus defensores: si no hay nada que ocultar, ¿por qué preocuparse por este tipo de vigilancia? Porque quienes tienen la facultad y autorización de usarlo legalmente a veces abusan de ese poder.
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