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El peor tráfico del mundo fue captado por un satélite: 50 carriles a vuelta de rueda por culpa un cuello de botella sin sentido

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Pablo Monroy

Una vista aérea de la autopista china G4, tomada en octubre de 2015 y que conecta Pekín con Hong Kong y Macao, mostró una escena que parecía una inmensa alfombra de luces. La gigantesca explanada del peaje de Zhuozhou, con 50 carriles, quedó completamente colapsada y transformó uno de los principales accesos a la capital china en un gigantesco estacionamiento, inmortalizado por las imágenes de satélite que dieron la vuelta al mundo.

Aquella fotografía se convirtió de inmediato en un fenómeno viral y en la peor pesadilla imaginable para cualquier conductor, ya que millones de personas regresaban a casa tras la Semana Dorada, una de las festividades más importantes del calendario chino, que cada año pone a prueba la capacidad de las infraestructuras de todo el país.

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La espectacular imagen alimentó durante años la idea de que una autopista de 50 carriles había terminado reduciéndose de golpe a apenas unos 20 carriles, pero la realidad es bastante diferente y resulta aún más interesante desde el punto de vista de la ingeniería del tráfico.

La autopista G4 mantiene una configuración convencional de cuatro carriles por sentido: la anchura equivalente a unos 50 carriles corresponde sólo a la monumental explanada del peaje de Zhuozhou, diseñada para distribuir el tráfico entre decenas de casetas de cobro, antes de acceder al área metropolitana de Pekín y que todo sea más ágil.

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En este caso, sucedió todo lo contrario, pues el colapso se produjo inmediatamente después de superar las barreras del peaje, cuando todo el flujo de vehículos, procedente de esas cabinas, debía volver a concentrarse en la capacidad habitual de la autopista, una situación que coincidió, además, con un puesto temporal de control de la policía e inspección, instalado en la zona de Liulihe y con una intensa niebla, que obligó a reducir la velocidad de circulación.

La combinación de todos esos factores creó la tormenta perfecta, y convirtió un punto diseñado para agilizar el tráfico en un enorme cuello de botella. La física hizo el resto: miles de vehículos intentaban ocupar al mismo tiempo una infraestructura incapaz de absorber semejante volumen de tráfico, provocando una retención que durante horas permaneció prácticamente inmóvil.

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Conforme pasaban las horas, la escena empezó a parecerse más a un área de descanso improvisada que a una autopista. Ante ello, muchos conductores apagaron los motores, salieron de sus vehículos y comenzaron a caminar entre los carriles, mientras esperaban a que la circulación se reanudara.

Algunos aprovecharon para jugar a las cartas o a hablar con otros afectados. Otros hacían deporte o paseaban y no tardaron en aparecer vendedores ambulantes ofreciendo agua, bebidas y fideos instantáneos a quienes asumían que todavía les quedaban muchas horas por delante.

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Aunque parezca imposible, no fue el peor embotellamiento registrado en China. En 2010, la autopista Pekín-Tíbet sufrió un colapso de alrededor de 100 kilómetros, que mantuvo atrapados a miles de conductores durante casi doce días, convirtiéndose en uno de los mayores embotellamientos de la historia. Más de una década después, la fotografía del peaje de Zhuozhou sigue siendo una de las imágenes de tráfico más impresionantes jamás captadas por un satélite.

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