Varias marcas ya han abandonado los sedanes y vehículos compactos baratos en el mercado de Estados Unidos. Los fabricantes de coches de Detroit (GM, Ford y Stellantis) se volcaron en gran medida hacia las camionetas y los SUV hace ya algunos años, dejando a firmas como Toyota, Honda, Nissan y Hyundai con gran parte de la carga del mercado de autos económicos, pero la realidad es que incluso estas marcas han tenido dificultades para cuadrar las cuentas, lo que llevó a Nissan, por ejemplo, a descontinuar el Versa después de este año en el mercado de la Unión Americana.
De acuerdo con el Wall Street Journal, los fabricantes de automóviles extranjeros advirtieron a la administración Trump que los modelos de bajo costo podrían desaparecer por completo si se debilitan las normas comerciales norteamericanas o si se mantienen los aranceles.
Modelos como el Toyota Corolla, Honda Civic y Nissan Sentra dependen de cadenas de suministro que se extienden por Estados Unidos, Canadá y México. Las piezas pueden cruzar fronteras varias veces antes de que un automóvil terminado llegue a un concesionario; un sistema diseñado en torno al comercio regional libre de aranceles.
Incluso los vehículos ensamblados en Estados Unidos dependen en gran medida de componentes provenientes de toda Norteamérica, lo que vincula su viabilidad directamente al marco comercial vigente.
Pero ahora la situación económica se ve más inestable. La política actual de Estados Unidos impone costos adicionales a los componentes no estadounidenses en los vehículos, mientras que los aranceles sobre componentes, acero y aluminio también elevan los costos de fabricación.
Esto resulta especialmente perjudicial para los automóviles de gama baja, donde los márgenes de ganancia ya eran reducidos mucho antes de que la política entrara en juego.
Wall Street Journal señaló que varios fabricantes de automóviles han comunicado a las autoridades que, sin una alternativa viable o una prórroga del acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), algunos vehículos de bajo precio podrían dejar de ser rentables en Estados Unidos. Si su producción genera pérdidas, las marcas podrían simplemente abandonar el mercado.
Por otro lado, la política arancelaria de Estados Unidos sobre el acero y el aluminio utilizados en la industria de vehículos medianos y pesados entró en una nueva fase operativa y podría servir de ejemplo para la industria de vehículos ligeros de pasajeros.
De acuerdo con Cluster Industrial, el Departamento de Comercio estadounidense publicó los procedimientos que permitirán a proveedores de México y Canadá acceder a una reducción del arancel vigente, que pasaría de 50% a un nivel máximo de 25%, pero ojo, siempre y cuando cumplan con una serie de lineamientos técnicos y productivos.
En ese sentido, la reducción arancelaria está condicionada al cumplimiento de las reglas de origen del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), así como a que el acero y el aluminio hayan sido fundidos y colados dentro de la región. Además, las empresas deberán demostrar que son proveedoras, directas o indirectas, de la industria automotriz pesada en Estados Unidos.
Uno de los elementos centrales del nuevo esquema es la exigencia de compromisos de inversión productiva en territorio estadounidense. Los exportadores interesados deberán presentar proyectos detallados que incluyan ubicación, capacidad proyectada, estructura de costos, proveedores y cronograma de ejecución.
El ajuste arancelario también estará limitado en volumen, ya que las reducciones aplicarán únicamente a cantidades equivalentes a la nueva capacidad de producción comprometida en Estados Unidos, lo que introduce un vínculo directo entre el beneficio comercial y la relocalización industrial hacia ese país. Esta condición refuerza el objetivo de política pública estadounidense de fortalecer su base manufacturera y asegurar la cadena de suministro en sectores estratégicos.
El nuevo procedimiento también incorpora mecanismos de supervisión estrictos. En caso de incumplimiento de los compromisos adquiridos, el Departamento de Comercio podrá notificar a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, lo que implicaría la reversión de los beneficios arancelarios.
Para México y Canadá, el esquema abre una ventana de oportunidad, aunque acotada. Las empresas que logren alinearse con los requisitos podrían mejorar su competitividad en el mercado estadounidense, particularmente en el suministro de insumos para fabricantes de vehículos pesados. Firmas como General Motors, Ford y Stellantis figuran entre las potenciales beneficiarias indirectas de este ajuste, al integrarse en cadenas de suministro que podrían optimizar costos bajo el nuevo marco.
México se ha consolidado como un nodo clave de producción para autos compactos y subcompactos destinados a exportación. Dentro de ese portafolio destacan modelos ensamblados en territorio mexicano, que han sido fundamentales para abastecer el segmento de entrada en Estados Unidos.
Entre ellos se encuentran Nissan Versa y Sentra, producidos en Aguascalientes; Kia K4, que se fabrica en Pesquería, Nuevo León; Volkswagen Jetta, ensamblado en Puebla; Mazda3 Sedán, producido en Salamanca, Guanajuato y Toyota Corolla en su versión a gasolina, con producción en Guanajuato.
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