El conflicto de Irán está disparando el precio de la gasolina y México no es la excepción: esto podemos esperar

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Pablo Monroy

La escalada del conflicto en Medio Oriente ya comenzó a impactar directamente algunos de los pilares invisibles de la industria automotriz global, es decir, la estabilidad del transporte marítimo y del suministro energético.

El Estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, describe uno de los corredores logísticos más críticos del planeta, el cual se ha visto severamente afectado, esto tras ataques militares, por lo que la industria automotriz enfrenta un nuevo episodio de disrupción en su cadena de logística, que podría extenderse a lo largo de este año.

Por este punto geográfico se transporta aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido a escala internacional y cerca del 22% del gas natural licuado global, convirtiéndose en un punto de estrangulamiento crítico, cuya interrupción repercute inmediatamente en costos energéticos, logística internacional y cadenas de suministro industriales.

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De acuerdo con información dada a conocer por Cluster industrial, al menos 150 buques, incluidos petroleros y transportadores de gas natural licuado, permanecen inmovilizados en la región, tras advertencias iraníes que restringieron la navegación.

El efecto fue inmediato en los mercados energéticos, pues el crudo Brent subió más de 8%, mientras analistas anticipan que los precios podrían superar los 80 dólares por barril e incluso acercarse a los 100 dólares si la disrupción se prolonga.

Si el suministro no se interrumpe, el alza sería temporal, pero de escalar, podría impulsar inflación global, retrasar recortes de la Fed y presionar a emergentes, incluido México, señaló Alfredo Marentes, Market Analyst en VT Markets.

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De acuerdo con el especialista, el punto clave es determinar si el movimiento actual responde a un incremento temporal por incertidumbre o si podría convertirse en una disrupción real del suministro.

“De momento, el escenario más probable es un incremento en la volatilidad acompañado de una prima de riesgo de corto plazo en los precios del crudo, es decir, un alza motivada por incertidumbre más que por una interrupción efectiva del flujo de suministro”.

No obstante, si el conflicto creciera y afectará físicamente el tránsito de petróleo durante un periodo prolongado, “los precios podrían registrar un aumento más persistente, lo que incrementa la inflación general a nivel global”.

El analista explicó que, si el escenario deriva en precios de petróleo más altos, tasas elevadas en Estados Unidos y un dólar fortalecido, los mercados emergentes enfrentarían condiciones financieras más restrictivas.

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“México presenta una posición más equilibrada. Como economía vinculada al petróleo, precios más altos pueden resultar positivos desde la perspectiva comercial, sin embargo, si aumenta la aversión global al riesgo y el dólar se fortalece, el peso podría enfrentar presión y endurecer las condiciones financieras internas”.

Por ahora, el episodio luce como un evento de volatilidad,  más que un cambio estructural; no obstante, si el suministro se ve afectado de forma relevante, el impacto macroeconómico podría intensificarse.

Por otro lado, la industria automotriz también está ligada íntimamente al Estrecho de Ormuz. La manufactura automotriz moderna depende de energía en prácticamente todas sus etapas, desde la fundición de acero y aluminio, hasta el estampado, pintura, mecanizado y ensamble, por lo que un incremento abrupto en los costos energéticos se traduce rápidamente en mayores costos de producción a lo largo de toda la cadena de valor.

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Además, no podemos ignorar el hecho de que entre 150 y 200 kilogramos de cada vehículo moderno corresponden a componentes plásticos derivados de petroquímicos, como etileno y propileno, cuyos precios están directamente ligados al petróleo y al gas natural.

Ante ello, analistas estiman que un escenario prolongado podría incrementar los costos de las materias primas petroquímicas entre un 15 y 25%, generando presiones financieras significativas para fabricantes con volúmenes de producción elevados.

Para una industria basada en inventarios ajustados y producción just-in-time, ese retraso equivale a una transformación operativa completa. Plantas automotrices en Europa, Estados Unidos y México podrían comenzar a sentir retrasos en componentes asiáticos en cuestión de semanas.

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