
Si hay algo de verdad es el hecho de que las llantas off-road sin duda son más resistentes en comparación con unas convencionales para el asfalto, pero pretender instalar este tipo de gomas en un vehículo ligero, que normalmente vive en la ciudad y carretera, con la idea evitar daños por baches, eso es otra cosa, simplemente es algo nada práctico y que podría tener consecuencias mecánicas severas a nuestro coche.
No hay compatibilidad entre un juego de neumáticos off-road y un vehículo ligero. Los neumáticos para el todoterreno tienen características específicas para enfrentar superficies fuera del asfalto, como tierra, rocas, lodo, etcétera, sin olvidad que son mucho más costosos.
Dentro de sus características es que cuentan con una banda de rodamiento con tacos muy protuberantes, eficaces para aferrarse a la tierra o piedras, pero nada funcionales para el asfalto, pues disminuyen el contacto con el asfalto.
En otras palabras, instalar neumáticos off-road a un auto común aumenta el ruido en carretera, eleva el consumo de gasolina y reduce la estabilidad en el pavimento.
Las desventajas siguen: se requiere mayor distancia para frenar y se puede patinar fácilmente si el piso está mojado, mientras que los bloques de la banda de rodadura generan un ruido y vibraciones constantes e incómodas al rodar rápido.
Por otro lado, el peso extra de la llanta y la resistencia al avance provocan que el consumo de combustible se incremente, el pavimento desgasta los tacos de hule mucho antes de tiempo, las piezas de la dirección y los ejes sufren mayor presión por el peso del neumático y, al ser neumáticos más grandes, pueden golpear la carrocería o la suspensión al dar vuelta.
Como puedes ver, llevar la idea de poner llantas todoterreno en un vehículo que no fue concebido para ello acarrea más problemas que beneficios pues, en aras de hacerle frente a los baches, el razonamiento podría salir contraproducente y no lo vale.
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