Hay gente lavando su auto sin agua. Es mejor idea de lo que crees, pero hay un punto clave para no dañar tu auto

Pablo Monroy

El ritual de lavar el coche suele implicar mangueras, cubetas, jabón y un buen rato de frotar y enjuagar, pero ¿si existiera una forma de mantener el vehículo impecable sin gastar ni una gota de agua? El lavado del auto sin agua o lavado en seco no es un invento futurista, ni un truco de marketing, sino una alternativa real y cada vez más popular, especialmente útil en situaciones concretas.

Su secreto del proceso reside en la química, es decir, fórmulas diseñadas con lubricantes y tensioactivos que, al aplicarse sobre la carrocería, crean una capa resbaladiza entre la suciedad y la pintura. Así, la suciedad se desprende con facilidad al pasar un paño de microfibra, sin rayar la superficie ni dejar residuos.

Este proceso, conocido como emulsificación, permite que aceites, polvo y contaminantes ligeros se disuelvan y sean eliminados con un simple movimiento, como si el coche se desprendiera de una capa invisible de suciedad.

No todos los productos sin agua son iguales, pues hay desde sprays de acción rápida, ideales para eliminar el polvo o el polen acumulado en pocos días, hasta espumas más potentes, creadas para limpiar rines o zonas con mayor acumulación de grasa. Incluso existen toallitas específicas para emergencias, como cuando un pájaro decide “marcar su territorio” en el cofre o en el techo del auto.

Sin embargo, es importante entender que estos métodos no sustituyen a un lavado convencional cuando el vehículo está cubierto de lodo seco o suciedad incrustada. Su verdadero valor reside en el mantenimiento entre dos lavadas profundos, en zonas con restricciones de agua en verano o para quienes no quieran ir al autolavado.

El proceso es sencillo, pero requiere cierta atención. Se comienza aplicando el producto generosamente sobre una sección pequeña del coche, preferiblemente desde la parte superior, y se deja actuar unos segundos.

Luego, con un paño de microfibra limpio, se desliza en una sola dirección, evitando movimientos circulares que podrían crear microarañazos. La clave está en la delicadeza y en cambiar de paño o de zona del paño con frecuencia, para no arrastrar partículas que ya se han desprendido.

Además de ahorrar agua, tiempo y dinero, estos productos suelen ser biodegradables, reduciendo el impacto ambiental que conlleva el lavado convencional.

Pero, como todo, tiene sus límites. Un lavado sin agua no puede hacer milagros: no eliminará la suciedad más rebelde ni sustituirá la necesidad de un lavado a fondo cuando el coche lo requiera.

Eso sí, para mantener el brillo entre sesiones de limpieza profunda, para limpiar el interior o los vidrios del coche sin riesgo, es una solución práctica y eficiente. El lavado sin agua es una herramienta más en el arsenal de cualquier amante del automóvil, siempre que se use con criterio y en el momento adecuado.

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