De acuerdo con Bloomberg, el CEO de Ford, Jim Farley, ha estado presentando una estrategia de supervivencia a la administración Trump, con la premisa de cómo debería Estados Unidos gestionar la llegada de los fabricantes chinos a territorio norteamericano.
La idea de Farley es sencilla: si las empresas chinas quieren fabricar coches en Estados Unidos, únicamente podrían poder hacerlo a través de empresas conjuntas en las que una empresa estadounidense tenga la participación mayoritaria, muy parecido a los acuerdos que los fabricantes occidentales tenían que aceptar al entrar en el mercado chino.
Farley se reunió con el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, el secretario de Transporte Sean Duffy y el jefe de la EPA Lee Zeldin, durante el Salón del Automóvil de Detroit del mes pasado. Entre los temas tratados estaba un posible marco para empresas conjuntas entre fabricantes chinos y estadounidenses, en caso de que los chinos buscaran entrar en el mercado estadounidense.
Farley propuso que los socios compartieran los beneficios y la tecnología, mientras que las empresas estadounidenses conservan la mayoría de las acciones y la autoridad final para tomar decisiones. Es, en muchos sentidos, un reflejo de la estructura proteccionista que los fabricantes occidentales tuvieron que aceptar en China durante décadas.
El director de comunicación de Ford, Mark Truby, confirmó indirectamente que se han mantenido conversaciones con la administración, subrayando la necesidad de "proteger nuestro mercado nacional de una avalancha de vehículos subvencionados fabricados en China. Ford ha sido clara sobre los problemas de privacidad y seguridad nacional asociados a los vehículos chinos en Estados Unidos y seguiremos reiterando esto en nuestras conversaciones con los responsables políticos."
El momento de las conversaciones no es para nada accidental, pues recordemos que, durante un reciente discurso en el Detroit Economic Club, el presidente Trump señaló que los fabricantes chinos podrían vender vehículos en Estados Unidos si construyen fábricas y contratan trabajadores estadounidenses.
A pesar de esa apertura, la propuesta de empresas conjuntas de Farley recibió una "fría acogida" por parte de funcionarios recelosos ante la reacción política en Washington. A pesar de ello, algunos dentro de la administración consideran que un posible acuerdo de inversión es una posible consecuencia de la reunión de abril próximo entre Trump y Xi Jinping en Pekín.
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