China está destacando en muchos aspectos, pero hay algo en lo que sobresale, especialmente frente a cualquier otra potencia mundial: las megaconstrucciones. Y es que el gigante asiático es capaz de llevar a cabo obras imposibles y, por si fuera poco, suele hacerlo en tiempos récord.
Decimos esto porque China se enfrenta al mayor desafío de ingeniería de su historia moderna: el túnel Dalian-Yantai. Se trata de una obra de una magnitud enorme, que permitirá conectar las ciudades de Dalian y Yantai en tren de alta velocidad, a través de un túnel submarino, con una longitud de 123 kilómetros.
También conocido como proyecto del Estrecho de Bohai, la obra describe un corredor ferroviario submarino que pretende unir estas dos importantes ciudades chinas por debajo del mar.
En la actualidad, para cruzar de una población a otra hay que hacer un trayecto en ferry de cerca de 8 horas, mientras que por carretera hay que recorrer más de 1,400 km, es decir, entre 15 y 20 horas de viaje.
Con este túnel, Dalian y Yantai estarán separadas por únicamente 40 minutos en tren de alta velocidad. Se estima que 7 millones de personas cruzarán de una ciudad a otra cuando el túnel esté terminado y funcionando.
En total, tendrá una longitud de 123 km, superando con por mucho los 53.8 km del túnel Seikan de Japón y los 50.5 km del Eurotúnel europeo. De los 123 km, alrededor de 90 km serán un tramo submarino, alcanzando una profundidad máxima de aproximadamente 80 metros bajo el lecho marino. La velocidad máxima a la que podrá circular el tren de alta velocidad por este túnel será de 250 km/h y los trenes tendrán capacidad para transportar coches, camiones y autobuses.
La idea es construir tres “tubos”, como el Eurotúnel: dos principales, de los cuales uno será para el desplazamiento del tren en un sentido, otro para el otro sentido y un tercero central, que servirá para llevar a cabo una evacuación en caso de emergencia, tanto a pie como en vehículos de emergencia, y también para las labores de mantenimiento. Cada túnel tendrá 12 metros de diámetro.
Vale la pena señalar que el proyecto lleva sobre la mesa desde 1992, cuando un grupo de miembros de la Academia China de Ingeniería y el gobierno de la provincia de Shandong planearon su construcción, aunque en ese momento China ni siquiera tenía trenes de alta velocidad. El objetivo era conectar las dos ciudades más prósperas del cinturón económico de la bahía de Bohai.
Como el proyecto planteaba múltiples retos de ingeniería y ni siquiera existía la tecnología necesaria para construirlo, se quedó en fase de estudio durante décadas.
Pero China ha evolucionado de manera notable en estas últimas décadas, así que el proyecto volvió a ponerse sobre la mesa en la primera mitad de la década de 2010 y ahora que China tiene el músculo necesario para convertirlo en realidad y sin depender de empresas extranjeras, el proyecto ha comenzado a tomar forma.
Oficialmente, empezó a ser una realidad en 2021, cuando el proyecto se incluyó en el 14 Plan Quinquenal de China, pasando de ser una idea a una orden del Gobierno chino. En ese momento también se le asignó un presupuesto de 260,000 millones de yuanes, es decir, 327,300 millones de euros.
Ya se han hecho miles de perforaciones en el lecho marino, para tener claro qué fallas geológicas hay en la zona y también se han fabricado tuneladoras específicamente diseñadas para atravesar la roca volcánica y el granito del estrecho de Bohai, incluso a varias decenas de metros de profundidad.
Se debe tener presente que la geología del estrecho de Bohai no es fácil para levantar un túnel submarino y menos para uno de semejante magnitud, de hecho, en 1976 hubo un terremoto muy fuerte en la zona. Ante ello, el túnel está diseñado para soportar sismos de magnitud 8.0 y, cuando esté construido, se monitoreará la actividad sísmica en tiempo real.
Como esta megaobra también costará muchísimo dinero, otro de los impedimentos que ha tenido el proyecto y que han retrasado su puesta en marcha es la política. El túnel unirá dos ciudades de dos provincias diferentes (Liaoning y Shandong) y se ha necesitado tiempo para aclarar cuánto aporta cada provincia. El objetivo es que el túnel esté abierto para finales de la década de 2030.
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