Salimos de roadtrip con Honda: así le sacamos 19.2 km/l a un Fit

Honda nos convocó para realizar una prueba muy peculiar: obtener el mayor rendimiento de combustible posible en algunos de sus modelos con motor atmosféricos. La cita fue muy temprano al sur de Ciudad de México para salir a bordo de un Fit, un City, un HR-V, un Pilot o una Odyssey. ¿Te quedas a saber qué trucos seguimos para ahorrar?

¿Por qué la autonomía varía tanto de un momento a otro?

No lo elegimos, pero un sorteo nos dejó al volante del Fit. Tan pronto nos dieron las llaves, llenamos el tanque y salimos rumbo a Taxco. Gastar poco en esta primera etapa fue sumamente sencillo porque fue cuesta abajo. No fue ninguna sorpresa que la computadora de viaje marcara 482 kilómetros de autonomía al salir de CDMX y 504 kilómetros al llegar a Taxco, luego de haber recorrido 188 kilómetros.

Que la autonomía varíe tanto de un momento a otro no significa que la computadora sea mala haciendo cálculos o que el auto intente engañarnos. La autonomía es una cifra que se va recalculando constantemente a lo largo de la ruta según las condiciones recientes de manejo. Si vas aprovechando las pendientes y rozando el acelerador sólo para mantener el ritmo, te dará una cifra alta; si de pronto comienzas a abusar del motor, notarás cómo bajará de manera abrupta.

Tras habernos enredado en las estrechas calles de Taxco —nuestras condolencias a quienes les tocó la Odyssey— y haber comido en una bonita terraza, continuamos el recorrido hacia el lago de Tequesquitengo, no sin antes hacer una parada en un safari para alimentar jirafas, ciervos y burros. El trayecto fue sencillo; hubo pocas subidas y la carretera no exigía ir tan rápido. 60 km/h era un buen ritmo.

El Honda Fit que manejamos llevaba un motor de 1.5 litros de 130 hp y 114 lb-pie, asociado a una transmisión automática CVT con opción a siete cambios simulados. A velocidades cercanas a 70 km/h, sólo con el roce del acelerador, la transmisión procuraba mantenerse a 1,500 rpm. Nuestra lógica era que accionando el modo manual y yéndonos a la marcha más larga —séptima, en este caso— caería al mínimo de revoluciones. Pero no, de algún modo se subía a 2,500 rpm en 7ª a 70 km/h y el modo manual no es permanente. Dejamos que la programación de la caja se encargara del tacómetro todo el camino.

Nuestra parada final —ese día— terminó a la orilla del lago. En ese momento, tras 224 kilómetros recorridos, la computadora de viaje indicaba una autonomía de 459 kilómetros y un rendimiento de combustible de 19.9 km/l.

De ida fue fácil. El regreso fue el verdadero reto

A la mañana siguiente continuamos con nuestra ruta, esta vez de vuelta directamente a Ciudad de México. Esta etapa fue la más complicada porque prácticamente todo el camino es cuesta arriba; en algunas partes más y en algunas menos, pero casi todo el tiempo de subida. Procuramos mantenernos siempre a 2,000 revoluciones con la cantidad exacta de acelerador para nunca subir de 90 km/h ni bajar de 80 km/h.

Las últimas curvas de la autopista Cuernavaca-CDMX nos permitieron mejorar el rendimiento de combustible y subir la autonomía final. En algún momento llegó a marcar que nos quedaban 250 kilómetros con ese tanque, pero al final quedó en 327. El promedio final de consumo fue de 19.2 km/l, nada mal.

¿Manejamos como lo haríamos siempre? No. ¿Manejamos lento? Tampoco. Este ejercicio nos permitió descubrir que a veces, con hacer 20 minutos extra hacia nuestro destino, podríamos ahorrar combustible considerablemente. Con uso normal, el Fit quizá hubiese rendido alrededor de 14 km/l, es decir, ahorramos cerca de 6.6 litros. A la larga, educar el pie derecho puede suponer un ahorro importante.

Los gastos correspondientes al viaje para asistir a esta presentación han sido asumidos por la marca. Para más información consulta nuestra guía de relaciones con empresas.

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