Verás a muchos futbolistas en superdeportivos, pero nunca en una moto. Su motivo va más allá del estilo

Moto Jugadores 1

Pablo Monroy

Al margen del Mundial de Fútbol, cualquier aficionado podría pensar que un futbolista profesional es libre de disfrutar de su tiempo libre como quiera, pero la realidad es muy diferente. En el fútbol moderno, especialmente en la élite europea, los jugadores representan inversiones multimillonarias y cualquier actividad que incremente el riesgo de una lesión es observada con lupa.

Una lesión muscular puede comprometer varios partidos, pero un accidente de tránsito o una caída en moto, podría dejar fuera de combate a una estrella durante meses e incluso afectar su carrera, de ahí que muchos clubes incluyen cláusulas específicas o genéricas relacionadas con actividades consideradas de riesgo, como las motos.

No existe una prohibición universal directa de conducir motocicletas, pero sí es habitual encontrar contratos que hacen referencia a “actividades peligrosas”, “riesgos evitables” o situaciones que puedan poner en peligro la integridad física del jugador. Dependiendo del caso, una lesión producida durante una actividad no autorizada podría derivar en conflictos con el club o con las aseguradoras.

Las barreras o frenos para que un futbolista se suba a una motocicleta incluyen:

  • Contractual. Los acuerdos entre clubes y jugadores suelen contemplar limitaciones relacionadas con actividades de ocio que puedan provocar lesiones. No siempre aparece la palabra “motocicleta”, pero el espíritu de la norma suele ser evidente.
  • Normas internas de los equipos. Algunos clubes establecen códigos de conducta que restringen expresamente determinadas actividades fuera de los entrenamientos. Circuitos, deportes extremos o competencias amateur suelen estar vigilados.
  • Vida cotidiana de los futbolistas. Muchos disponen de chóferes, vehículos de representación y agendas extremadamente controladas. En ese contexto, la moto deja de ser una necesidad y se convierte en una afición que puede generar titulares indeseados.

Al respecto, uno de los ejemplos más llamativos de todo lo que estamos hablando fue el de Mario Balotelli durante su etapa en el AC Milan. El delantero italiano era un apasionado del karting, pero el club llegó a limitar esta actividad por el riesgo de lesión. La historia alcanzó tal repercusión que el futbolista decidió acudir a un circuito de karts… conduciendo su Ferrari en lugar de un kart convencional.

Pese a todas estas limitaciones, la afición por las motos existe dentro del mundo del fútbol. Uno de los nombres más conocidos es el de David Beckham, que durante años ha mostrado públicamente su colección de motocicletas y su pasión por las preparaciones.

Algo parecido ocurre con otras figuras que, una vez finalizada su carrera profesional, han dejado ver con más libertad su interés por las dos ruedas. No es casualidad ya que, cuando desaparecen las obligaciones contractuales y el riesgo económico para un club, las restricciones también se relajan. También tenemos el ejemplo de Iker Casillas, otro enamorado de este mundo de las motos.

Pero los entrenadores viven una situación muy distinta. Aunque también representan un activo importante para sus equipos, rara vez están sometidos a controles tan estrictos como los futbolistas.

Un ejemplo conocido es el seleccionador alemán Julian Nagelsmann, reconocido aficionado al motociclismo. A lo largo de los años ha sido relacionado con diferentes modelos de Harley-Davidson, Triumph, Vespa y Ducati, demostrando que la pasión por las motos también tiene espacio en el fútbol profesional, siempre que no seas quien tiene que saltar al césped cada fin de semana.

Los futbolistas sí pueden conducir motocicletas en muchos casos, pero la combinación de contratos, seguros, códigos internos y gestión del riesgo explica por qué tan pocas estrellas en activo se dejan ver sobre dos ruedas.

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