
Vamos por partes. Una caja CVT (Transmisión Continuamente Variable) ofrece, entre otras cosas, un mejor consumo de combustible y un manejo más suave, sin olvidad que es más barata de fabricar que una caja automática más compleja y es mucho más compacta.
A grandes rasgos, se trata de una transmisión automática que no tiene engranajes ni discos, sino que consta de dos poleas, una con un diámetro mayor que otra, entre las cuales interactúa una cadena, similar a una banda, así como un convertido de par o turbina y un cuerpo de válvulas.
Al funcionar, las poleas giran y tensan la banda o cadena, creando un espectro de velocidades en función de la interacción de dicha banda con las poleas. Por otro lado, la turbina usa la presión hidráulica para convertirla en fuerza mecánica y el cuerpo de válvulas controla el flujo de aceite y los cambios.
Y aquí viene un punto importante: la temperatura de trabajo de la caja CVT es mayor que la de una transmisión convencional. Es una caja que ofrece desplazamiento y no potencia por lo que, debido a la fricción de las poleas contra la banda o cadena, el calentamiento ocurre, por ejemplo, en tramos cortos, con exceso de frenadas, en intenso tránsito o en subidas pronunciadas.
De hecho, la caja CVT es un tipo de transmisión pensada para un uso en condiciones de optimas de manejo, tramos largos, sin interrupciones, carreteras planas, etcétera. Si bien este tipo de cajas trabajan a mayores temperaturas, debido a la naturaleza de su funcionamiento, lo cierto es que tampoco es normal que superen cierta temperatura.
En ese sentido, si combinamos escenarios de manejo complejos, como ascensos fuertes, con otros factores como una falta de mantenimiento, el hecho de no utilizar los lubricantes que indica el fabricante y la cantidad que lleva, e inclusive que el radiador o enfriador de la transmisión esté sucio o dañado, entonces tendremos la fórmula perfecta para generar un sobrecalentamiento del componente.
Si vas manejando, tanto en ciudad como en carretera y detectas pérdida de potencia, es decir, que el auto se sienta pesado al iniciar la marcha, así como un fuerte olor a quemado, y tirones o ruidos inusuales, entonces la transmisión está experimentando un episodio de sobrecalentamiento; de hecho, en algunos modelos, la computadora del auto bloquea la transmisión o activa un modo de seguridad, limitando la velocidad máxima para evitar daños internos.
En caso de que te enfrentes a un escenario así, lo que debes hacer es estacionar el vehículo de manera inmediata, pero en un lugar seguro y apagar el motor, para dejar que la transmisión se enfríe. Si la transmisión de tu coche cuenta con una bayoneta, similar a la que tiene el motor para checar el nivel se lubricante, revisa el nivel y el color del líquido. Un color café oscuro o negro y un olor a quemado son señales de alerta.
Si el nivel es bajo, rellena con más lubricante de transmisión CVT. Si vuelves a ponerte en movimiento y la caja se vuelve a calentar, evita seguir forzando el componente ya que, de lo contrario, puedes causar daños irreversibles en la banda y las poleas metálicas, requiriendo un cambio total de la transmisión, algo que no es precisamente barato. Un ejemplo más de que la cultura de la prevención podría evitarte pasar un trago amargo.
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