
Como coleccionista de autos a escala, he escuchado en incontables ocasiones a la gente preguntar en los tianguis especializados de estas piezas por el precio de este “porch” rojo GT3 RS o de este otro “porch” 356 plateado y francamente me dan ganas de corregirlos, pero la verdad es que no espero nada positivo en su reacción.
Pero lo cierto es que no se pronuncia ni “porch” ni “porche”. Sin sonar a vanagloria, como periodista especializado en industria automotriz, tuve la oportunidad de viajar a Sttugart, Alemania, la sede de la firma, cuando se presentó la generación 992 del 911 y escuché de primera voz de los máximos representantes de la marca la pronunciación correcta: Porsche, tal y como se escribe, Porsche, sin remarcar la “ch”, sólo con un suave “she”.
Y es que, como hispano hablantes, cuando vemos una palabra en inglés que lleva una e al final, tendemos a hacerla muda, sin embargo, la palabra Porsche ni es del idioma inglés y se pronuncia como lo señalamos anteriormente.
Porsche proviene del apellido del fundador de la marca, Ferdinand Porsche. Su obra maestra fue el Volkswagen, que años después también sirvió de base para el éxito emprendedor de sus hijos. No fue hasta 1948 que Porsche presentó el aerodinámico "356", llamado así por su número de proyecto de diseño. Hasta 1949, la empresa fabricó a mano los primeros 52 coches en un pequeño taller en Gmund, Austria.
Por otro lado, si bien la palabra Porsche ya había sido utilizada como logotipo en el primer vehículo de la marca en 1948, el escudo Porsche fue diseñado en 1952. A finales de 1951, Ferry Porsche visitó Nueva York, en donde el importador estadounidense Max Hoffman le pidió un escudo. Como resultado de este pedido la empresa decidió comenzar a trabajar en ello de manera interna.
Según Hoffman y su experiencia, en Estados Unidos la marca, el sello de la casa, era algo fundamental de cara al marketing de la nueva marca a importar. Así que Ferry le dice la famosa frase "si todo lo que necesitas es un distintivo, también nosotros podemos dártelo".
La historia indica que Ferry Porsche desdobló una servilleta, sacó un lápiz y empezó a dibujar. Dentro de las armas del estado de Wüttemberg, dibujó el caballo rampante de Stuttgart, la ciudad donde nació la compañía. En la parte superior escribió el nombre de la familia Porsche. En solo dos minutos tenían el famoso escudo que hoy lucen todos los Porsche.
Ferry volvió con esa servilleta en el bolsillo a Alemania, y a los pocos días los coches que salieron de la fábrica ya llevaban el logotipo. Esa servilleta está hoy día en el Museo Porsche.
El emblema de Porsche continúa intacto, no ha sufrido evoluciones con el paso de los años. Sigue siendo idéntico al que diseñó Ferry Porsche con Max Hoffman en Nueva York inmediatamente antes de que este se convirtiese en el primer importador de Porsche para Estados Unidos.
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