
Los grafittis en nuestro país con muy comunes, pues basta echar un vistazo a alguna barda o vehículo abandonado en la calle para verlos plasmados, pero Rolls-Royce decidió aprovechar ese arte urbano y se asoció con el artista de grafiti francés Cyril Kongo para crear cinco Cullinan Black Badge pintados a mano bajo este concepto.
A primera vista, y como lo mencionamos al inicio, el interior de este SUV de lujo da la impresión de que alguien dejó estacionado un SUV de 400,000 dólares bajo un puente durante meses. Hay gráficos con efecto de graffiti en el tablero, consola central, mesas de picnic, separador trasero e incluso el techo estrellado.
Hay que decir que Kongo no es un simple pintor de murales que Rolls-Royce encontró en Instagram, pues se trata de un reconocido artista contemporáneo, cuya obra ya se puede apreciar en todo tipo de productos, desde relojes de lujo hasta aviones privados.
Rolls-Royce afirma que la colaboración surgió después de que coleccionistas más jóvenes mostraran interés en encargos de arte contemporáneo más audaces, a través de sus estudios Private Office en Nueva York, Seúl y Goodwood.
Con buen criterio, Rolls-Royce aprovechó la oportunidad. A las marcas de lujo les encanta hablar de atraer a compradores jóvenes y adinerados, pero la mayoría de los intentos resultan forzados. Este no es el caso.
El Black Badge Cullinan, equipada con un motor V12 de 592 hp, ya existe como el alter ego más oscuro y rebelde del SUV de Rolls-Royce, y la compañía ya había intentado establecer paralelismos con la subcultura de los autos modificados de Los Ángeles, por lo que combinarlo con un diseño inspirado en el graffiti tiene mucho sentido.
Los detalles más atractivos son los sutiles, pues cada habitáculo está dividido en cuatro zonas de color con brillantes detalles de piel, que contrastan, mientras que Kongo pintó a mano cada pieza de metal antes de que Rolls-Royce la cubriera con diez capas protectoras de laca. Incluso, las estrellas de fibra óptica del techo se colocaron según su diseño.
Por fuera, el diseño se mantiene relativamente sobrio, pero hay algunos detalles que distinguen a estos coches de las versiones estándar del Cullinan, ya que cada uno de los cinco SUV luce un acabado azul cristal oscuro sobre negro, además de líneas decorativas degradadas, que cambian de color a cada lado. Rolls-Royce incluso instaló pinzas de freno de distinto color en cada rueda, para que combinaran con los detalles del interior.
Rolls-Royce pudo haber optado por lo seguro con otro SUV de edición especial, con cuero diferente y alfombrillas exclusivas, sin embargo, le dio pintura en aerosol a un artista de graffiti y lo dejó trabajar libremente dentro de un Cullinan, para crear algo realmente diferente.
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