
Conforme pasa el tiempo, como seres humanos vamos adquiriendo o desarrollando hábitos que pueden resultar positivos o negativos, según sean nuestras costumbres, algo que también se puede trasladar al ámbito automotriz.
Es por eso que debemos corregirlos a tiempo, pues dichas mañas podrían provocar desgaste prematuro en algunos componentes de nuestro vehículo, y que tarde o temprano tendrán que ser reemplazados. Uno de esos malos hábitos tiene que ver con dejar la mano descansando sobre la palanca de la transmisión manual de tu coche.
Para muchos conductores de vehículos con transmisión manual, mantener la mano derecha apoyada permanentemente sobre la palanca es un hábito casi automático, pues se siente cómodo, da una sensación de control y, por qué no decirlo, de estar manejando un auto de carreras listo para el siguiente cambio de marcha.
Sin embargo, detrás de esa aparente comodidad se esconde uno de los errores de manejo más comunes y destructivos para la transmisión de tu coche, pues se debe tener muy claro que la palanca de cambios no es un descansabrazo, y dejar caer el peso del brazo sobre ella mientras el coche se mueve genera un desgaste interno que terminará costándote miles de pesos en el taller.
Para entender el problema, debemos enfocarnos a lo que hay debajo de la funda de piel de la palanca. Tras esa cubierta se encuentra un conjunto de varillas o cables que conectan justamente a la palanca directo al interior de la caja de caja de velocidades.
Para que quede más claro, dentro de la transmisión existen unas piezas metálicas llamadas horquillas de selección, cuya misión es empujar los anillos sincronizadores, conocidos popularmente como “bronces”, para enganchar un engrane con otro cuando mueves la palanca para cambiar de velocidad.
Cuando seleccionas una marcha y sueltas la palanca, la horquilla de selección se retira ligeramente, para dejar que los engranes giren libremente a miles de revoluciones por minuto cubiertos de aceite, de modo que descansar tu mano en la palanca de velocidades mientras manejas aplica una presión constante.
Aunque sean unos cientos de gramos son más que suficientes para vencer la tolerancia del mecanismo. El peso de tu mano empuja la horquilla de selección directamente contra el collarín o sincronizador que gira a gran velocidad, lo que genera un roce continuo entre piezas metálicas. Los “bronces” y las puntas de las horquillas comienzan a desgastarse, limarse y sobrecalentarse de forma prematura.
Las terribles consecuencias
Si mantienes este mal hábito durante meses o años, tu transmisión manual empezará a manifestar fallas serias. Lo primero es que las velocidades “se brincan” o se zafan, es decir, que mientras estás manejando tranquilamente en carretera de la nada la palanca salta sola a neutral. Esto ocurre porque las horquillas desgastadas ya no pueden mantener el engrane fijo en su lugar.
Por otro lado, las velocidades “raspan” al entrar, algo que se manifiesta cuando escuchas un crujido metálico cada vez que intentas meter segunda o tercera velocidad, lo que significa que los anillos sincronizadores perdieron sus dientes debido a la fricción constante.
A esto se suma un juego excesivo en la palanca y se siente floja o que “baila”, perdiendo la firmeza y precisión original al engranar las marchas. De modo que la regla de oro para la transmisión manual es simple y clara: la mano derecha solo toca la palanca durante el segundo que toma hacer el cambio de velocidad; inmediatamente después, regresa al volante.
Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com.mx
VER 0 Comentario