Un ingeniero creó una nueva necesidad para los millonarios: convertir los emblemas de sus autos de superlujo en drones de vigilancia

B Bentley Voladora 1

Pablo Monroy

Imagina que del frente de tu Bentley saliera volando un dron para avisar desde las alturas de que hay un accidente o simplemente te ayude a buscar un lugar para estacionarte. Decimos esto porque el ingeniero español, José María Ortega Hernández, patentó un "Flying B" volador, un invento que hizo muchísimo ruido el año pasado y que finalmente se chocó contra un muro.

Haciendo un poco de historia, en 1920, los clientes de Bentley empezaron a demandar una figura reconocible para sus coches. El Bentley más antiguo, el EXP 2, presentaba un simple indicador de temperatura del agua directamente en la línea de visión del conductor, pero la marca diseñó para sus conductores una B de latón ornamentada y vertical, con alas sostenidas horizontalmente. Era el nacimiento del Flying B.

Se ofrecieron versiones modificadas a lo largo de los años para los modelos Bentley hasta la década de 1970, momento en el que la legislación de protección de peatones prohibió los adornos sólidos prominentes en el cofre y dejaron de hacerse.

Sin embargo, en 2006, se introdujo un diseño revisado con mecanismo retráctil para los modelos Bentley Azure y Brooklands; posteriormente, el mismo diseño se ofreció como opción para el Bentley Mulsanne, el cual se retraía en caso de un impacto, pero por lo demás permanecía fijo.

Ahora, José María Ortega Hernández, que también ha trabajado en Benley, rediseñó el emblema para convertirlo en un dron funcional y autónomo de menos de 250 gramos y cuatro rotores, que le permiten salir del coche y volar. La patente fue presentada en 2024 y muestra el funcionamiento de esta tecnología, cuyas funcionalidades van desde la seguridad hasta el entretenimiento.

  • Iluminación de emergencia: el dron podrá iluminar el vehículo desde el aire en caso de un accidente nocturno, facilitando la visibilidad para alertar a los servicios de emergencia.
  • Guía al propietario: en situaciones de poca visibilidad o en entornos desconocidos, el dron podrá guiar al propietario hacia el vehículo.
  • Búsqueda de estacionamiento: el dron podrá adelantarse al vehículo para identificar y asegurar un espacio disponible.
  • Rutas alternativas: en caminos menos transitados o de difícil acceso el dron tendrá la capacidad para servir como un apoyo volador al conductor del vehículo, pudiéndolo asesorar sobre qué camino sería el óptimo.
  • Generar contenido para redes sociales: el dron "Flying B" permite realizar tomas aéreas para hacer selfies o grabar vídeos.

El ingeniero obtuvo la patente mundial y su objetivo era que se utilizara ampliamente en la industria automotriz: "Al final, hay que tener en cuenta que su masa se propone inferior a 249 gramos, luego entraría dentro de la categoría abierta en España. Pero no perdamos de vista que se trata de una patente mundial y de una idea global. Luego, la visión de la patente va más allá de España, en este mundo global, allá donde se vendan Bentleys en el mundo", explicó Ortega.

Por desgracia para Ortega, el concepto finalmente se quedó en un ejercicio de diseño brillante, limitado a entornos como exhibiciones, fincas privadas, circuitos o mercados muy pero muy concretos, como puede ser Oriente Medio, donde las leyes sobre grabación no son tan restrictivas como en Europa.

Podía ser un giro importante para las cámaras 360º y al Modo Centinela de Tesla o un acercamiento a los gadgets utilizados por James Bond en sus coches, pero el logo volador se topó con un callejón sin salida burocrático de varias instituciones de seguridad europeas.

La Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) es la encargada de aplicar la normativa europea de EASA en España, y es la que regula qué drones, dónde y cuándo se pueden volar en nuestro territorio.

La normativa aplicada también afecta a los drones pequeños de menos de 250 gramos (Clase C0, subcategoría A1), prohibiendo la grabación de espacios públicos sin autorización. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) también pone restricciones al momento de grabar sin consentimiento y de manera indiscriminada y autónoma la vía pública.

Seguramente, si el dispositivo no contase con una cámara, su autorización sería más sencilla, pero perdería su sentido. Además, el coche tendría que registrarse como si fuera un operador de dron o tuviera que hacerlo el conductor en su defecto.

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