Todo apunta a que aquella promesa de un futuro donde los coches se conducen solos con total seguridad únicamente será parte del guion de alguna película de ciencia ficción, porque en la realidad, ha recibido un duro golpe. Decimos esto porque los Robotaxis de Tesla, que trabajan en fase de pruebas en Austin, sumaron cinco nuevos accidentes a su historial en apenas treinta días.
Estos incidentes no sólo reabren el debate sobre la evolución de la tecnología de conducción autónoma de Tesla, sino que arrojan datos estadísticos muy preocupantes sobre su actual confiabilidad.
Resulta que lo que debería ser una demostración de eficiencia se convirtió en una problemática para la marca. Según los informes de seguridad vial analizados en la región, la tasa de accidentes de estos vehículos autónomos es ahora cuatro veces peor que la de los conductores humanos promedio.
Esta brecha de seguridad pone en tela de juicio las afirmaciones recurrentes de la compañía sobre la superioridad de su sistema de cámaras frente a los reflejos y el juicio de un ser humano al volante.
Cada uno de estos cinco accidentes reportados en el último mes ocurrieron en entornos urbanos complejos, donde el sistema Vision de Tesla parece haber tenido dificultades para interpretar correctamente el comportamiento de otros usuarios de la vía.
Aunque no se han reportado víctimas mortales en esta reciente oleada de colisiones, el costo material empieza a ser significativo, ya que se estima que los daños acumulados en estos percances superan ya los 900,000 pesos en reparaciones y costos logísticos.
A diferencia de sus competidores, como Waymo o Cruise, la tecnología de Tesla destaca por prescindir del sensor LiDAR, apostando todo a la inteligencia artificial y el procesamiento de imágenes por cámara. Sin embargo, los datos de Austin sugieren que esta apuesta por la "visión pura" todavía tiene lagunas importantes al momento de predecir movimientos bruscos o gestionar situaciones imprevistas en intersecciones concurridas, lo que se traduce en una mayor frecuencia de impactos.
El análisis de los siniestros revela ciertos patrones de comportamiento que los reguladores están vigilando de cerca. Los incidentes no parecen ser fallas mecánicas, sino errores de interpretación del software en momentos críticos de la circulación, como reacciones tardías ante frenadas inesperadas de vehículos precedentes, dificultades para detectar reductores de velocidad o elementos de señalización provisional por obras, así como confusión en la prioridad de paso en cruces no regulados por semáforos.
Lo anterior es un recordatorio de que el camino hacia la autonomía total será más largo de lo anunciado. Si bien Tesla sigue recolectando millones de kilómetros de datos diariamente para entrenar sus redes neuronales, el hecho de ser cuatro veces más peligrosos que un humano en un entorno controlado como Austin es un obstáculo difícil de ignorar para las autoridades de transporte.
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