Recientemente, la NASA confirmó que, durante más de un siglo, diversos factores, como el bombeo de agua subterránea y el peso del desarrollo humano, han provocado que el lecho lacustre bajo la Ciudad de México se compacte cada vez más, provocando que algunas zonas se hundan alrededor de 35 centímetros por año.
Datos proporcionados por el satélite NISAR revelaron que este fenómeno se está acelerando, pues entre octubre del 2025 y enero de 2026, algunos puntos de la CDMX presentaron hundimientos de, en promedio, 2 centímetros por mes. Esto no sólo provoca baches, sino que atenta en contra de la columna vertebral del sistema de transporte público de la ciudad: el Metro.
Para quienes viajamos a diario en el Metro, cada vez es más común que se den retrasos en la llegada de los trenes a las estaciones o que se queden detenidos entre paradas hasta por más de 10 minutos. Hasta hace algunos años, sucedía en horarios específicos, sobre todo en periodos de alta demanda, pero en la actualidad ya sucede con mucha mayor frecuencia.
Un estudio publicado por la revista Nature reveló los cambios en la elevación que han padecido distintas zonas de la Ciudad de México, las cuales se midieron entre 2011 y 2020, lo que significa que dichos hundimientos no son uniformes.
Anteriormente, especialistas advirtieron que el hundimiento que enfrenta la capital de nuestro país es “alarmante e imparable”, esto de acuerdo con un estudio publicado en Advancing Earth and Space Sciences.
Por otro lado, Darío Solano Rojas, investigador de la UNAM, expuso en un informe de 2024 denominado Evaluación de riesgos geológicos del sistema de metro de la Ciudad de México, que los habitantes de la capital del país nos acostumbramos a que algunos edificios estén un poco inclinados, mientras que el viajar en Metro “se siente raro.”
De acuerdo con el especialista, “el subsuelo es como una esponja: sacamos el agua y luego se deforma porque va perdiendo volumen”, por lo que el hundimiento de la Ciudad de México es diferente: mientras que en algunos puntos es de 20 pulgadas, en otros no se registran irregularidades.
En la capital, la principal fuente de agua no es el Sistema Cutzamala, sino el subsuelo. Especialistas señalan que cerca del 70% del agua para consumo humano proviene de acuíferos, cuya sobreexplotación, junto con las condiciones geológicas de la ciudad, está directamente relacionada con el hundimiento del terreno.
Lo anterior provoca una desestabilización, pues distintos segmentos del Metro se mueven de manera distinta, es decir, se tienen “hundimientos diferenciales”. El investigador de la UNAM señaló que esto podría derivar en que el Metro requiera de servicio de mantenimiento profundo antes del periodo normal de 50 años.
El otro escenario es que el fenómeno del hundimiento de la ciudad podría provocar que el sistema eléctrico de la red presente anomalías, que la marcha de los trenes sea más lenta e, incluso, que trenes se descarrilen ante los cambios bruscos en la nivelación de las vías.
Por ejemplo, antes de las obras de renovación, el tramo norte de la avenida Insurgentes, al igual que toda la Ciudad de México, sufrió de asentamientos del terreno, que provocan deformaciones en la superficie.
Estas deformaciones afectaron al cajón estructural de la Línea 3 desde la terminal Indios Verdes hasta la transición al túnel entre las estaciones Potrero y La Raza, pero las manifestaciones más dañinas se presentan en el tramo entre las estaciones Deportivo 18 de Marzo y Potrero.
El estudio del investigador de la UNAM concluyó que “el hundimiento diferencial en la Ciudad de México daña una longitud significativa de las vías del Metro y finalmente se expresa en colapsos estructurales, fallas, grietas, deformaciones de las vías y cambios de pendiente, lo que resulta en reducción de velocidad y desempeño deficiente de los trenes, accidentes, interrupciones y pérdidas del servicio y de vidas humanas.” Nuestra ciudad se sigue hundiendo, por lo que estas reparaciones seguirán estando presentes.
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