A comienzos de la semana pasada, el primer ministro canadiense, Mark Carney, visitó Pekín, un viaje en el que negoció un acuerdo con el presidente de China, Xi Jinping, el primer ministro de China, Li Qiang, y el presidente del comité permanente de la Asamblea Popular Nacional de China, Zhao Leji.
Este acuerdo podría revolucionar el mercado automotriz canadiense, pues el primer ministro reabrió Canadá a los vehículos eléctricos fabricados en China, reduciendo el arancel del 100% sobre las importaciones, que se había impuesto en 2024, siguiendo los mismos pasos que Estados Unidos, al 6%.
En virtud de este acuerdo, se importarán a Canadá hasta 49,000 vehículos eléctricos chinos cada año. Mejor aún, alrededor del 50% de estos vehículos eléctricos importados tendrán un precio inferior a 35,000 dólares, lo que ofrece a los consumidores canadienses una opción más asequible para adquirir un nuevo vehículo eléctrico.
A cambio, China eliminará los aranceles sobre la harina de canola, las langostas, los cangrejos y los chícharos, además de reducir los aranceles sobre las semillas de canola al 15% para marzo de 2026.
Si bien estos vehículos eléctricos chinos representarán sólo el 3% del mercado automotriz canadiense, los funcionarios canadienses parecieron estar particularmente complacidos con la relajación de los aranceles sobre sus principales cultivos de exportación, como los chícharos y las semillas de canola.
Como era de esperar, funcionarios del gobierno de Trump señalaron que Canadá lamentaría su decisión de permitir a China importar hasta 49,000 vehículos eléctricos y que esos autos no podrían ingresar a Estados Unidos.
"Creo que recordarán esta decisión y seguramente se arrepentirán de haber traído autos chinos a su mercado", declaró el secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, en un evento con otros funcionarios del gobierno en una fábrica de Ford en Ohio para promocionar los esfuerzos por hacer que los vehículos sean más asequibles.
Por su parte, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, dijo que el número limitado de vehículos no afectaría a las compañías automotrices estadounidenses que exportan automóviles a Canadá: “esos autos van a Canadá, no a Estados Unidos".
"Hay una razón por la que no vendemos muchos autos chinos en Estados Unidos. Es porque tenemos aranceles para proteger a los trabajadores automotrices estadounidenses y a los estadounidenses de esos vehículos.
"Creo que les resultaría difícil operar aquí. En Estados Unidos existen normas y regulaciones sobre la ciberseguridad de nuestros vehículos y los sistemas que los integran, así que creo que podría ser difícil para los chinos cumplir con ese tipo de normas", concluyó.
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