
Cuando la temperatura de nuestro cuerpo se eleva, ya sea porque nos estamos ejercitando o porque hace mucho calor en el ambiente, el sistema nervioso pone a funcionar las glándulas sudoríparas de manera automática para que el cuerpo se enfríe mediante la evaporación de este fluido. Algo parecido sucede en nuestro coche cuando la temperatura del motor se eleva por encima del parámetro seguro.
Lo anterior es debido a la combustión interna propia de su funcionamiento, pues debemos tomar en cuenta que, en el mejor de los casos, cerca del 40% del combustible que se quema se convierte en energía mecánica útil, mientras que el resto se transforma en calor, lo cual puede dañar severamente componentes internos como anillos, pistones, bielas e incluso el monoblock si no se controla, debido a la dilatación y contracción de los materiales.
Para ello, nuestro coche cuenta con un sistema de refrigeración el cual, por medio de varios componentes electromecánicos y de un líquido refrigerante, trabaja con toda precisión, para mantener una temperatura de trabajo adecuada del motor, de entre 90 y 100 grados centígrados.
Su funcionamiento es sencillo. Cuando ponemos en marcha el propulsor, de inmediato se activa la bomba de agua, la cual se encarga de succionar el líquido refrigerante de la parte baja del radiador y lo impulsa al interior del bloque por medio de los ductos distribuidos entre las cámaras de combustión y las camisas de los pistones.
Una vez que ha realizado este recorrido, el líquido refrigerante sale por la parte alta de la cabeza a una temperatura de entre 80 o 90 grados y regresa al radiador por la parte superior en donde, por la acción del flujo de aire que ingresa por la parrilla o tomas de aire, reduce su temperatura hasta 8 o 10 grados centígrados.
En el caso de que estemos atorados en un embotellamiento, en el que no hay flujo de aire porque no nos estamos desplazando, el ventilador se encargará de soplar directamente sobre el radiador para enfriarlo, por medio de una señal que envía el termostato cuando la temperatura comienza a incrementarse en el motor y supera los 90 grados centígrados.
Una de las principales razones por las que el sistema de refrigeración puede fallar se debe a un nivel muy bajo del refrigerante, el cual puede ser provocado por una fuga en alguna de las mangueras del radiador, en el mismo radiador o en las juntas o sellos de la bomba de agua. Es fácil notarlo si encontramos líquido de color verde fosforescente o rosa muy intenso en el piso, debajo del auto una vez que lo estacionamos.
Otro motivo es que, cuando la bomba de agua es accionada por la banda auxiliar o de accesorios y ésta se rompe, provocará que deje de girar y el refrigerante no circule por el interior del circuito y se presente un sobrecalentamiento. En este sentido también puede suceder que tanto las aspas de la bomba como el eje sobre el que están montadas se rompan, dejando fuera de servicio a toda la pieza.
Otra de las fallas la podemos encontrar en el termo switch el cual, al dejar de funcionar, no envía la señal al ventilador del radiador para que gire, lo que provoca que la temperatura del motor se eleve con rapidez. Inclusive, el mismo motor que impulsa al ventilador puede dejar de funcionar debido a un corto circuito, alguna conexión eléctrica rota o que los rodamientos o baleros que monta la flecha de las aspas estén muy desgastados.
Finalmente, debemos considerar que, con el paso del tiempo y cada vez que se calienta y enfría, otras propiedades, como la anticorrosiva, se van degradando en el líquido refrigerante. Por eso la recomendación es reemplazarlo por lo menos cada dos años o 30 mil kilómetros.
Una vez que nos percatamos de que nuestro coche está enfrentando un sobrecalentamiento, por ejemplo en carretera, lo que debemos hacer es buscar un lugar seguro para detenernos y apagar el motor. Recuerda que su temperatura es elevada, por lo que lo único que podemos hacer es esperar a que empiece a perder temperatura por sí solo, algo que podría demorar entre 45 minutos y una hora.
Podemos abrir el cofre para ayudar a mejorar la ventilación, pero sólo cuando detectemos que ha dejado de salir vapor por debajo del mismo. También podemos retirar el tapón del radiador o del depósito del refrigerante, pero sólo hasta que el motor esté más frío pues, de lo contrario, la presión interna en estos componentes podría quemarnos al liberarla.
Muchas personas han intentado rociar agua a temperatura ambiente sobre el radiador mientras el coche tiene el motor encendido, para bajar la temperatura rápidamente. Esto puede funcionar en caso de que llegue a una temperatura extrema, pero no es recomendable, pues el cambio abrupto de temperatura puede dañar algunos componentes, como las aspas de la bomba de gasolina.
Dependiendo de la causa que haya provocado que el sistema de refrigeración del motor haya dejado de funcionar determinaremos si podremos seguir adelante o no con nuestro viaje. En lo personal, en alguna ocasión, en un viaje por carretera, fue el radiador el que presentaba una fuga. Lo que hicimos fue detenernos cada cierto tiempo para rellenar de líquido el radiador, hasta llegar a un sitio donde pudieron reperarlo.
Pero si la falla fue provocada por algún componente más complejo, como una banda de accesorios o una bomba de agua dañada, no habrá más remedio que solicitar el apoyo de una grúa.
Foto de portada: Nano Banana 2.
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