
Nuestro país está viviendo un boom en cuanto al desarrollo de movilidad amigable con el medio ambiente se refiere, tanto en el sector público como el privado, pues basta echar un vistazo atras para ver proyectos como el TT01, un vehículo eléctrico orientado hacia la movilidad de barrio o el propio Olinia, cuyo primer prototipo funcional ya fue presentado.
Por otro lado, el Tecnológico de Monterrey y el Politécnico de Milán están realizando pruebas con un minibus autónomo eléctrico. Se trata del prototipo conocido como MIA, el cual realiza recorridos de prueba en la zona de Valle Oriente, San Pedro Garza, en Monterey, y forma parte de un acuerdo de coordinación académica y de investigación, en el que también participa el municipio.
Dentro de sus características es que puede trasladar hasta seis pasajeros y circular a una velocidad máxima de 40 km/h; trae un chofer, pero no lo conduce; trae freno y acelerador, pero nadie los manipula, pues se operan solos.
El Minibús cuenta con tecnología LiDAR, cámaras y sensores avanzados, operación completamente eléctrica, sin emisiones contaminantes, capacidad de navegación autónoma en condiciones reales de tráfico urbano y una carga de batería que dura seis horas.
Ahora fue el turno del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), institución que dio a conocer el Hidrobinisa, un pequeño vehículo 100% eléctrico que funciona con pila de combustible de hidrógeno.
Esto significa que el vehículo se mueve con la electricidad que se almacena en sus baterías de iones de litio, proveniente de la reacción del hidrógeno con otros elementos químicos. Con esta tecnología el coche puede alcanzar una velocidad máxima de 33 km/h durante 90 y 100 minutos.
Estas prestaciones podrían ser provechadas para mover personas en hoteles, recorridos turísticos, campos de estudio o granjas. Sin duda un proyecto interesante, que puso a trabajar a las mentes de científicos mexicanos, pero lo cierto es que esta tecnología no sólo ya se había desarrollado, sino que, además, Toyota la puso en un vehículo de producción en serie, el Mirai, aunque desafortunadamente estuvo adelantado a su tiempo, ya que las estaciones para reabastecer hidrógeno no las encuentras a la vuelta de la esquina como las de combustible fósil.
Además, existen otros dos retos que no pueden pasar desapercibidos: la propia producción del hidrógeno, que aún es un proceso complejo y el espacio que requiere en un vehículo para su almacenamiento, pero proyectos como el del Cinvestav demuestran otro tipo de aplicaciones que podría tener esta tecnología dentro de la movilidad.
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