Juande Rodríguez, mecánico: “el error más caro es acostumbrarse a que el carro no acelera como antes”

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Pablo Monroy

“¿Ese ruido? Nada, lleva tiempo haciéndolo.” Desafortunadamente nos acostumbramos a todo, incluso a un ruido nuevo que hace el coche, un jaloneo al acelerar o pérdida de potencia. Muchas veces no le damos importancia a este tipo de escenarios pues, culpamos al uso diario y al paso de los kilómetros y lo normalizamos porque, mientras el coche arranque y se mueva, que el mundo gire.

Sin embargo, algunos de los daños o fallas más serias y caras empiezan justamente así, con pequeñas señales que ignoramos, hasta que ya es demasiado tarde.

"El error más caro es acostumbrarse a que el coche ya no se mueve como antes", sentencia Juande Rodríguez, mecánico que inició en los talleres a los 16 años y abrió el propio a los 20. Hoy acumula 18 años de oficio, ocho de ellos también ligados a la mecánica en las carreras.

El humo, por ejemplo, es muy revelador. Si el coche pierde fuerza y por el escape sale un humo blanco o azulado, sobre todo si, además, consume aceite, Rodríguez apunta al turbocompresor como sospechoso principal.

Al contrario, si el humo es más bien negro, la causa puede estar en un filtro de aire obstruido, que reduce el aire que entra al motor, dejando combustible sin quemar, inyectores sucios o averiados, una válvula EGR sucia o atascada, en los diésel, o un  filtro de partículas (DPF/FAP) saturado o problemas en el turbo, por ejemplo.

El humo negro significa una mezcla de aire y combustible demasiado rica en carburante y éste no se quema del todo. En cambio, cuando la falta de potencia llega sin humo, el origen puede esconderse en un sensor sucio, en la acumulación de carbonilla o en otra anomalía que solo una revisión podrá detectar.

El embrague también avisa. La señal más clara aparece al acelerar, cuando el motor sube de revoluciones, pero el coche no gana velocidad en la misma proporción. Esto se debe a que el embrague patina, porque la fuerza de apriete es demasiado reducida. 

Es algo que conviene revisar sin esperar a que el conjunto deje por completo de transmitir fuerza a las ruedas. Cambios en el tacto del pedal, más dureza al pisarlo o dificultades para engranar marchas no siempre responden a la misma causa, pero sí justifican una visita al taller.

La batería, por su parte, suele dar pequeños avisos antes de morir. Si el sistema Start-Stop deja de apagar el motor en los semáforos, la gestión electrónica puede haberlo desactivado al detectar que la batería no está suficientemente cargada para activarlo. Si bien el arrancar es normal, si persiste después de un tiempo, significa que la batería no se recarga.

Otro indicio puede ser un arranque con menos fuerza, es decir, que le cuesta encender el motor. Todo ello no significa que la batería esté en las últimas, son sólo indicios que nos ponen sobre aviso de que podría estar fallando. 

No todos los ruidos anticipan una falla o daño, pero una vibración inédita o un zumbido que crece con la velocidad pueden provenir de la suspensión, de los rodamientos o de los neumáticos, mientras que una vibración al frenar apunta a los discos. Si persiste o se repite, hay que buscar su origen en lugar de culpar al desgaste.

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