Los investigadores coinciden: jugar Mario Kart es un gran ejercicio de entrenamiento para tu cerebro y tu habilidad al volante

Mario Kart 1

Pablo Monroy

Los videojuegos siempre han tenido que luchar contra la mala fama de que son, por sí solos, perjudiciales. Pero como todo en la vida, hay que tomar las cosas en su justa medida, y por eso está demostrado científicamente que su uso responsable puede mejorar funciones cerebrales clave y habilidades de coordinación.

De ahí que videojuegos como Super Mario Kart han sido estudiados ampliamente por universidades y laboratorios de investigación, como entorno de prueba para algoritmos de aprendizaje por refuerzo profundo (Deep Reinforcement Learning) y visión por computadora.

Investigadores, como los de la Universidad de Groningen, saben que Mario Kart es un laboratorio virtual perfecto para entrenar IA, ya que permite poner a prueba la toma de decisiones en tiempo real, pues un vehículo en Mario Kart requiere un procesamiento constante fotograma a fotograma (generalmente a 30 o 60 fps). La IA debe procesar entradas visuales y decidir en milisegundos qué ángulo de giro aplicar, cuándo acelerar o cuándo usar un objeto.

En estos aspectos se han centrado proyectos como NeuralKart, de la Universidad de Standford, que utilizan redes neuronales combinadas con algoritmos de búsqueda y aprendizaje por refuerzo, para aprender a conducir de manera autónoma analizando solo la imagen del emulador. Investigaciones más recientes, como las de la Universidad de Southampton, emplean Mario Kart para desarrollar modelos de IA más eficientes energéticamente.

Y no solo eso, pues este popular videojuego sirve como simulador para mejorar la conducción autónoma y supone un paso intermedio antes de probar modelos en simuladores hiperrealistas o vehículos reales, ya que entrena la capacidad del modelo para reaccionar ante imprevistos en tiempo real a un costo computacional reducido.

Además, la presencia de otros competidores, proyectiles (caparazones), plátanos y atajos, convierte el mapa en un entorno de agentes múltiples y física no lineal, muy similar a los desafíos que enfrenta la conducción autónoma real.

Por otro lado, los videojuegos de carreras de ritmo rápido, como Mario Kart, ejercitan el cerebro, sometiéndolo a estímulos dinámicos constantes. Diversos estudios en neurociencia y psicología cognitiva han demostrado que este tipo de juegos estimula funciones cerebrales clave y habilidades de coordinación, lo que se puede llevar a la práctica en la conducción real. Algunas de las áreas que está probado que mejoran son:

  • Coordinación visomotora (ojo-mano). Un estudio de la Universidad NYU Shanghai reveló que jugar a videojuegos de acción y carreras mejora significativamente el control visomotor continuo, una habilidad esencial para tareas del mundo real como la conducción de vehículos.
  • Procesamiento visual y atención dividida. El jugador debe procesar simultáneamente la trazada de la curva, la posición de los rivales en el minimapa, los obstáculos en pista y el objeto disponible en su inventario, lo que entrena la capacidad de monitorear múltiples fuentes de información a la vez.
  • Tiempo de reacción y toma de decisiones rápida. Al ejecutarse a 60 fotogramas por segundo, el juego exige decisiones en milisegundos (cuándo esquivar, cuándo usar un caparazón o cuándo iniciar un derrape).
  • Memoria espacial y orientación. Memorizar los trazados de los circuitos, los puntos óptimos de frenado/derrape y la ubicación de atajos o cajas de objetos ejercita el hipocampo, el área del cerebro encargada del aprendizaje espacial y la navegación.
  • Flexibilidad cognitiva y gestión del estrés. Debido al factor estocástico del juego (un ataque imprevisto en la última curva), el cerebro entrena la adaptación a escenarios cambiantes bajo presión y la capacidad de reevaluar la estrategia sobre la marcha.

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