Hay un Mercedes-Benz Clase E exhibido en el Museo de Porsche en Alemania. Tiene más sentido del que parece

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Alonso Brugada

Alemania es reconocida por sus marcas automotrices, como Porsche y Mercedes-Benz, las cuales realmente no tienen nada que ver. Sin embargo, si en los últimos años han tenido oportunidad de visitar el Museo Porsche en Stuttgart, Alemania, seguramente notaron que hay un Mercedes-Benz 500 E como parte de la exposición, y su presencia no es un error o fallo en la Matrix. 

Este legendario auto tiene bien merecido su lugar dentro del museo, ya que el Mercedes-Benz 500 E nació gracias a una colaboración entre ambas empresas automotrices, que surgió a finales de los años ochenta. 

En aquel momento la industria automotriz era muy diferente a la actual y aunque Porsche y Mercedes-Benz ya tenían el renombre que conservan en la actualidad, Mercedes tuvo que recurrir a la marca de deportivos para contratarla como proveedora de servicios de desarrollo. Dato curioso, ese servicio y división hoy se conoce como Porsche Engineering. 

En la segunda mitad de los años 80 se vendía el Clase E generación W124, pero para finales de la década se desarrolló una variante de alto desempeño, que era el Mercedes-Benz 500 E (posteriormente E 500), sin embargo, la línea de producción de Mercedes era muy pequeña para albergar el ensamble de este auto. 

Pero no me refiero a un tema de capacidad de producción, si no a espacio, ya que el 500 E tenía una carrocería 56 mm más ancha que la del modelo convencional y esta diferencia hacía físicamente imposible su ensamble en Sindelfingen. La solución más viable fue llevar la producción a la planta de Porsche en Zuffenhausen. 

Para Porsche este automóvil se conoció como Proyecto 2758 y las primeras unidades salieron de la línea de ensamble en 1991. Sin embargo, esta colaboración tuvo una logística un tanto compleja, porque Mercedes-Benz enviaba algunas partes de Sindelfingen a Zuffenhausen, luego Porsche llevaba las carrocerías terminadas de regreso para que fueran pintadas y posteriormente viajaban una vez más a la fábrica de Porsche para realizar el montaje final y colocar el motor V8. 

De acuerdo con Porsche, el proceso de producción tardaba cerca de 18 días, pero resultó todo un éxito, porque entre 1990 y 1995 se fabricaron 10,479 unidades. Cada una utilizaba un propulsor V8 5.0L y podían acelerar de 0 a 100 km/h en 5.9 segundos, alcanzando una velocidad máxima de 250 km/h. 

Aunque el 500 E era un Mercedes-Benz en toda la extensión, este auto jamás hubiese existido si no fuera por Porsche y por esta razón es que tiene un merecido lugar en el Museo de la marca.  

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