Dentro de toda la guerra comercial que estamos viviendo, se había perdido de vista un ataque por parte de la administración de Joe Biden, el cual surgirá efecto en menos de un mes, cuando se prohiba la venta de automóviles con software chino dentro de los Estados Unidos.
Esta medida se anunció en los últimos días del gobierno de Biden y la administración de Trump comenzará a aplicar esta medida a partir del próximo 17 de marzo y es un capítulo crucial para buena parte de las marcas automotrices presentes en el mercado estadounidense, porque no se trata de una simple prohibición a los vehículos chinos, decenas de modelos occidentales se pueden ver afectados.
El problema de esta medida es que restringe la tecnología china en vehículos conectados a la nube, y esto provocará que se modifiquen cadenas de suministro, proveedores, desarrolladores, etc., ya que una marca no puede crear y fabricar todos los componentes y software del auto, y muchas veces el proveedor recurre a empresas o subcontratistas de China.
Desde un inicio esta prohibición se centró en temas de seguridad y hasta la fecha el argumento es el mismo. Estados Unidos quiere evitar riesgos que puedan estar relacionados a información o datos sensibles que los sistemas recopilen mediante GPS, cámaras o micrófonos.
Por otra parte, la transición de software se tiene que hacer tan rápido, que varios fabricantes podrían recurrir a empresas que ofrezcan sistemas similares pero con un costo más elevado, el cual se trasladará al precio final y el consumidor será el que termine pagando ese incremento.
Posiblemente también se recorten los envíos u operaciones de ciertas marcas o modelos en el vecino país del norte, debido a que no todas las empresas se podrán adaptar con rapidez a las nuevas restricciones.
Pero el asunto no se detendrá en la certificación del origen del código, porque más allá de prohibir el desarrollo o actualizaciones por parte de China ya que en una segunda etapa, Estados Unidos también prohibirá que el software de los sistemas de conducción autónoma tenga relación con China y para 2029 la restricción se ampliará a hardware de conectividad, es decir, los fabricantes automotrices no podrán emplear chips, antenas o módulos WiFi o Bluetooth, por ejemplo. Marcas como Volvo / Polestar, que pertenecen a Geely, podrían ser duramente afectadas con esta decisión.
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