Cuatro días de contingencia ambiental en CDMX dejan claro algo: el Hoy No Circula no funciona como debería: esta es la explicación

Pablo Monroy

Quizá lo recuerdes, pero hace algunos años, cuando se activaba una contingencia ambiental, la Ciudad de México parecía que experimentaba un día de asueto obligatorio o fin de semana, con vialidades menos congestionadas debido a las restricciones de circulación para los vehículos y tiempos de traslada reducidos, sin embargo, en la actualidad, esos escenarios dejaron de existir, incluso, da la impresión de que no hay restricción alguna y en el transporte público se escuchan comentarios como “hasta ni parece que hay contingencia”.

A pesar de que ya llevamos varios días bajo el programa de contingencia ambiental en Ciudad de México, parece que el Doble Hoy No Circula no está surtiendo efecto.

Nos queda claro que el hecho de que el clima aporte su granito de arena, con altas temperaturas y poco movimiento del viento, quema irresponsable de pastizales secos, incendios de cualquier índole, la industria asentada alrededor del Valle de México, etcétera, sin embargo, a pesar de que muchos vehículos dejan de circular en contingencia, no se ha percibido disminución significativa en el número de partículas suspendidas del aire que respiramos.

En entrevista para el medio Canal 44, el Doctor Arturo Curiel Ballesteros, investigador y académico de la Universidad de Guadalajara, a cargo del área de investigación de ecosistemas y salud de la maestría en ciencias de la salud, nos permite entender parte de las razones por las cuales dichos programas ambientales no están resultando efectivos.

“Son acciones que tienen impactos muy limitados, inclusive se neutralizan a partir de la dinámica que tienen las grandes ciudades. Cuando se habla de verificación se revisa que la contaminación que emite un automóvil sea acorde al modelo de dicho automóvil, es decir, lo que se busca es que los propietarios de vehículos tengan la responsabilidad de hacerse cargo del buen mantenimiento de su vehículo y que, a partir de eso, se emita lo que indica el fabricante.

“Esto nos lleva a una realidad en donde un vehículo puede ser muy contaminante, que es de los 80, por ejemplo, y va a seguir siendo contaminante, aunque pase la verificación. La afinación del vehículo es parte de una responsabilidad que debe tener cualquier propietario de un vehículo.

“El problema que tenemos es que si antes, un automovilista hacía un recorrido que le tomaba media hora, por ejemplo, en un trayecto de casa al trabajo, ahora por el incremento del tránsito vehicular y la saturación de las vialidades le puede tomar una hora o más, lo que neutraliza la parte del efecto que pueda tener la verificación vehicular.

“Es decir, la parte de emisión de contaminantes no sólo esta relacionada directamente con el modelo del vehículo o con si se verifica o no o con si deja de circular o no, sino que tiene que ver con la dinámica que se tiene el índice de motorización que tienen los vehículos y eso cada vez va empeorando. Entonces, esa misma realidad va neutralizando los efectos benéficos posibles que pudiera tener una acción como los programas ambientales existentes”, señaló el especialista.

Esto nos lleva a la reflexión de que, por muy apegado que un vehículo esté a la norma de emisiones contaminantes y cumpla con el requisito, lo cierto es que contaminará más porque el auto pasa más tiempo en la calle, atorado en los embotellamientos, que en años anteriores, pero también existe otro factor determinante.

La velocidad de un vehículo, esté verificado o no, también es muy importante para la emisión de contaminantes, pues a partir del número de veces que ponemos en movimiento el auto. Si estamos ante un episodio de intenso tránsito y cada vez que aceleramos para moverlo, esos son los momentos de mayores emisiones.

Para el investigador, es muy importante tomar en consideración esta fuente de emisiones contaminantes que representan los vehículos, pero también lo es reconocer que referirlos a programas como la verificación vehicular, es una acción que “no tiene mayores consecuencias en la reducción de la contaminación ni en la mejora de las condiciones de salud de la población”.

Por lo que, derivado de lo anterior, aquí el problema es la sobre población de vehículos en las calles, que ya por eso generan mayores contaminantes, a lo que se suman embotellamientos cada vez más intensos y, en consecuencia, al pasar más tiempo en las calles, dichos vehículos generan mas emisiones.

De acuerdo con estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, México pierde alrededor de 56,800 millones de pesos anuales en productividad debido al tráfico vehicular que padecen sus ciudadanos, quienes pasamos, en promedio, alrededor de 1,680 horas, lo que equivale a m+as de 70 días al año, atrapados en el tráfico.

Según el estudio y coincidiendo con el investigador, el problema se relaciona con el crecimiento del área metropolitana y un aumento significativo en el número de automóviles, camiones pesados y motos que circulan todos los días. Actualmente, según el Inegi, circulan alrededor de 52 millones de vehículos en el país. Sólo en la Ciudad de México, la Secretaría de Movilidad tiene registrado que cada día circulan entre 5.5 y 6 millones de vehículos.

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