
La industria de la movilidad individual sigue explorando límites mucho más allá de la idea convencional del vehículo con ruedas. Durante años, la idea de sustituir los neumáticos por extremidades articuladas ha rondado por la cabeza de firmas como Kawasaki, que ha experimentado este camino con el objetivo de superar las limitaciones que presentan los vehículos sobre ruedas tradicionales al enfrentar escenarios complejos.
El interés por cambiar las ruedas por extremidades no es algo nuevo pues, como lo mencionamos antes, Kawasaki ya llevaba tiempo captando la atención de la industria global con proyectos como el Corleo, un prototipo que plantea el reemplazo de las ruedas por extremidades articuladas, capaces de superar barreras infranqueables para una moto convencional.
La visión japonesa combinaba la ergonomía y emoción del manejo sobre dos ruedas con la versatilidad de un cuadrúpedo, utilizando un motor de hidrógeno para alimentar sus sistemas eléctricos.
Sin embargo, en esta carrera por redefinir la movilidad fuera del camino, China volvió a demostrar una agilidad sorprendente al anticipar una máquina que parecía estar destinado únicamente al ámbito de los prototipos conceptuales.
Decimos esto porque la startup china DaxAI dio un golpe sobre la mesa al presentar su propio modelo funcional, llamado Cyber Horse (Qiji X1), en el marco de la World Robot Conference de Pekín. A diferencia de las demostraciones teóricas o recreaciones digitales presentadas por Kawasaki, la propuesta china surgió como un vehículo completamente funcional, permitiendo que los asistentes al evento pudieran subirse a él y comprobar su funcionamiento en tiempo real.
El Qiji X1 tiene una estructura que ronda los 320 kilos de peso, pero lo más destacable es su capacidad de carga útil, que alcanza 300 kilos adicionales. Esta cifra sitúa a esta máquina no solo como una alternativa recreativa, sino como una herramienta versátil para el transporte de materiales pesados o tareas de asistencia en escenarios complejos.
Para conseguir estabilizar todo ese peso en movimiento, la arquitectura electromecánica del vehículo utiliza actuadores de alta densidad energética, capaces de entregar un torque de hasta 1,400 Nm en sus articulaciones. En lo que respecta al rendimiento y autonomía, el modelo puede alcanzar una velocidad máxima de 40 km/h, con una autonomía operativa proyectada de hasta 100 kilómetros de recorrido con una carga o cerca de 8 horas de uso.
El funcionamiento del cerebro del sistema se apoya en algoritmos de inteligencia artificial integrados, que procesan todo lo que hay alrededor mediante sensores ópticos y de entorno, ajustando la pisada en milisegundos.
Esta tecnología permite al cuadrúpedo enfrentar pendientes pronunciadas, senderos de grava y lodo con un reparto de pesos dinámico, que minimiza el riesgo de pérdida de equilibrio, emulando la capacidad de adaptación que tendría un animal de carga natural, pero bajo la precisión del control electrónico.
El salto de la rueda al elemento articulado no busca reemplazar a la moto de toda la vida en vías públicas, sino mejorar la respuesta a escenarios donde el asfalto no existe y las irregularidades del terreno imposibilitan el paso de cualquier vehículo convencional.
Este tipo de plataformas híbridas entre robótica e ingeniería de movilidad abren nuevas líneas de investigación para el transporte, servicios de emergencia en zonas de desastre e intervenciones en áreas protegidas donde el impacto sobre el terreno debe ser mínimo.
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