La ciencia lo confirma: si escuchas metal o techno al volante, conduces peor y de prisa. No es que seas mal conductor, es tu cerebro

Pablo Monroy

Seguramente te ha pasado que bajas el volumen de la música en tu coche para tener mejor visibilidad cuando estas por iniciar una maniobra en reversa para estacionarte, como si bajar el sonido nos permitiera de repente ver mejor o tener mejor pericia. En lo personal me pasa todo el tiempo y aunque no mejora mis habilidades, lo cierto es que esto nos da un gran ejemplo de hasta qué punto la música puede influir en nuestro comportamiento al volante.

Sin importar nuestro destino, poner música en el coche es una acción casi automática, pues buscamos la forma de amenizar el trayecto, hacer más llevadera el manejo o incluso mantener la atención en el camino. Sin embargo, hay un detalle importante: si lo que buscas es concentración, la música que elijas puede marcar la diferencia. De hecho, la música puede influir sobre nuestra velocidad.

De acuerdo con estudios recientes, no solamente el volumen, sino también el estilo o género de la música que escuchamos influyen directamente en nuestra forma de manejar y en nuestra capacidad de reacción. Los investigadores observaron que, cuando la música tiene un ritmo acelerado, de más de 120 pulsaciones por minuto, los conductores tienden a cometer más errores y aumentan las probabilidades de sufrir un accidente.

Esto es posible porque el tempo de la música compite por nuestra atención con el hecho de conducir. “Cuanto mayor es el número de eventos temporales que deben procesarse y mayor la frecuencia de cambios temporales que requieren más almacenamiento en la memoria, más se distraen las operaciones y las capacidades óptimas para conducir”, explica Warren Brodsky en su estudio.

Realizado en simulador por cuestiones de seguridad, varios conductores manejaron con diferentes músicas de fondo, más o menos rápidas. Los resultados mostraron que el tempo de la música afectaba de manera constante tanto la velocidad de manejo como las estimaciones de velocidad percibida. Es decir, a mayor ritmo en la música de fondo, más rápido conducían y más alto era el umbral de percepción de lo que era ir rápido.

Además, el tempo de la música de fondo influyó también en la frecuencia de infracciones. Saltarse semáforos en rojo, cambiar de carril sin señalizar y cruzar líneas blancas, así como algunas colisiones fueron más frecuentes con música de ritmo rápido.

De esta forma, la música rápida puede hacernos ir más rápido, pero no nos incita a cometer infracciones. La música compite con el acto de manejar un automóvil por captar la atención de nuestro cerebro, y eso provoca que estemos menos concentrados mientras manejamos, favoreciendo situaciones en las que cometamos infracciones, y que puedan disminuir nuestros reflejos.

En el marco de un estudio sobre música y conducción, psicólogos de la Universidad de Zúrich, en Suiza, observaron que escuchar música en el coche prolonga el tiempo de reacción ante situaciones como una frenada de emergencia o frenadas bruscas. Básicamente, nos distrae y reaccionamos tarde.

Por otro lado, un estudio titulado "Efecto de escuchar música en el estado fisiológico, la carga mental y la conducción según el temperamento del conductor", realizado por investigadores chinos, sugiere que ciertas músicas pueden ser perjudiciales para la conducción.

En este estudio, los científicos recomiendan a los conductores evitar escuchar metal o techno a todo volumen, especialmente durante los trayectos en ciudad. Por el contrario, es preferible optar por una lista de reproducción con músicas más tranquilas y relajantes.

De acuerdo con sus conclusiones, las músicas rápidas, con más de 120 pulsaciones por minuto, aumentan el riesgo de sufrir accidentes de tráfico, un ritmo que suelen alcanzar fácilmente géneros como el metal o la techno. 

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