Los autos cambiaban cada 6 o 7 años. Ahora puede ser cada 3 años y la culpa es del ritmo de China

Byd China

Juan Carlos Meouchi

Editor

Está de más hablar sobre las capacidades de producción automotriz de China, que con el paso de los años se ha convertido en uno de los principales protagonistas de la industria mundial. Y es que ya no se trata únicamente de cuántos autos puede producir por hora, día, semana o mes, sino de la rapidez con la que puede desarrollar un producto completamente nuevo o renovar uno existente.

El periodo tradicional al que hemos estado acostumbrados durante años consiste en desarrollar un vehículo que se mantenga vigente comercialmente durante varios años. En ese periodo, suele recibir una o dos actualizaciones de media vida, destinadas a introducir retoques estéticos, mejoras de equipamiento o cambios tecnológicos antes de dar paso a una nueva generación.

Un análisis de McKinsey señala que algunos fabricantes automotrices tradicionales pueden dedicar entre 40 y 50 meses al desarrollo de un vehículo completamente nuevo, mientras que determinados fabricantes chinos, especialmente los enfocados en vehículos eléctricos, han reducido ese plazo a aproximadamente 24 meses.

Pero no solo ha cambiado el tiempo necesario para desarrollar un automóvil. El ciclo de vida comercial de algunos modelos también se ha acortado. Durante años el promedio rondaba entre 5 y 7 años, ahora se habla incluso de menos de 3. 

Un análisis de CarExpert aborda esta transformación y cita las declaraciones de un directivo de Leapmotor International sobre la reducción de los ciclos de producto en China. Este dato permite dimensionar la velocidad con la que evoluciona el mercado, aunque es importante distinguir entre una actualización, una nueva generación y el desarrollo de un vehículo desde cero.

Entonces, ¿cómo consigue China desarrollar autos en tan poco tiempo?

Entre los principales factores se encuentran las plataformas compartidas, los procesos de producción estandarizados, la integración de proveedores y la reducción de los tiempos de toma de decisiones.

Las plataformas modulares permiten desarrollar diferentes vehículos a partir de una arquitectura común, compartiendo determinados componentes y sistemas. Esto puede reducir la complejidad del desarrollo y facilitar la creación de modelos con distintas carrocerías, dimensiones o configuraciones mecánicas. En los vehículos eléctricos, por ejemplo, también es posible ofrecer diferentes capacidades de batería dentro de una misma familia de productos, siempre que la arquitectura lo permita.

A esto se suman la automatización de los procesos industriales y el uso de herramientas digitales e inteligencia artificial en determinadas etapas del diseño, la simulación y el desarrollo. La integración de proveedores dentro de las mismas compañías y la cercanía entre los equipos de ingeniería y producción también pueden contribuir a reducir los tiempos necesarios para llevar un vehículo al mercado.

Todo esto responde a la necesidad de mantenerse competitivos en uno de los mercados automotrices más disputados del mundo. Conforme aparecen nuevas tecnologías y modelos, las expectativas de los consumidores también evolucionan. Para los fabricantes chinos, la capacidad de responder rápidamente a esos cambios se ha convertido en una ventaja competitiva que está presionando al resto de la industria a replantear sus propios procesos.


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