Mecánicos expertos coinciden: “la diferencia entre cambiar la correa a los 60,000 y a los 160,000 depende de la marca”

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Pablo Monroy

Hay piezas en un coche que vemos todos los días, y otras que trabajan continuamente y no vemos nunca, incluso si abrimos el cofre; simplemente no podemos verlas, pero sabemos que están ahí porque cumplen una misión importante y la correa de distribución pertenece justamente a este grupo. Con frecuencia se esconde detrás de una tapa y no nos acordamos de ella hasta que, literalmente, revienta.

Para entonces ya no hay nada que hacer, el daño está hecho y podemos despedirnos del motor. La conclusión es que cambiarla en tiempo y forma es fundamental para el motor, eso está claro, ¿pero cada cuántos kilómetros hay que cambiarla? Depende del fabricante.

El trabajo de la correa de distribución es esencial y es de pura coordinación. Dentro del motor, el cigüeñal hace que suban y bajen los pistones mientras el árbol de levas, en la parte superior del motor, abre y cierra las válvulas. La misión de la correa es coordinar, es decir, sincronizar que las válvulas se cierren y abran en el momento óptimo para la combustión.

Cuando se rompe, evidentemente se pierde esa sincronización y, por ejemplo, un pistón que sube en el cilindro golpeará las válvulas abiertas, rompiendo el motor, lo que implica que casi siempre termine arruinado por completo.

Una correa de distribución está hecha de caucho reforzado (fibra de vidrio, aramida), se desgasta y debe sustituirse en intervalos regulares. ¿Cada cuánto hay que cambiar la correa? La respuesta corta es cuando lo diga el manual del coche. Fácil. Ahora, la respuesta larga, si quieres saber el por qué.

Los fabricantes establecen intervalos que van desde 60,000 hasta 160,000 kilómetros, según la mecánica. Es un rango enorme, y no es capricho. Hay correas de materiales distintos, situaciones que las castigan más que otras y diseños donde soportan más tensión y el paso del tiempo.

Cada fabricante calcula el límite para su motor en concreto, y ese número, no uno genérico, es el que manda y ojo, porque también el tiempo hace estragos: si el coche duerme más de lo que circula, la correa envejece igual, y suelen marcarse años máximos además de kilómetros.

Los mecánicos añaden tres advertencias. La primera, no adelantar el plazo. En los motores con correa húmeda, como los PureTech del grupo Stellantis, cada 40,000 o 60,000 km parece una opción sensata, sobre todo si se circula mucho por ciudad (se deteriora antes en ciudad que en carretera, en este caso concreto). 

Por lo demás, entre 80,000 y 100,000 km, es lo recomendable. Cambiarla un poco antes de tiempo nos costará lo que cuesta una revisión mayor, sí, pero cambiarla más tarde de lo recomendable, nos puede costar un motor.

La segunda recomendación. Si el coche hace ruidos extraños al arrancar (chirrido o un traqueteo que no había hecho nunca), no debemos ignorarlos, ya que son elementos en contacto con la correa que pueden fallar, como los tensores o las guías, y si estos fallan, falla la distribución. Lo bueno es que los tensores avisan antes de rendirse haciendo esos ruidos extraños.

Y la tercera, la más engañosa. En las correas que se pueden ver, o podemos ver parte de ellas, no debemos confiar en su aspecto. Podemos verla perfecta y en realidad estar en las últimas por dentro. El plástico y la goma envejecen aunque el aspecto de la cara exterior no lo delate. Aquí manda el cuentakilómetros, es un juez mucho más confiable que el ojo humano.

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